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KIKO VENENO 2012-05-30
Sala: La Riviera
Ciudad: Madrid
Provincia: Madrid
MUCHO VENENO… Y DEL BUENO
Excelente repaso a un disco fundamental y a toda una magistral carrera
Nunca lo ha tenido fácil Kiko. Aún hoy, siendo un artista respetado y reconocido tampoco podemos decir que sea un artista de masas – ni falta que le hace… Pero repasando su cancionero enseguida nos damos cuenta que su veneno se ha ido infiltrando en nuestras vidas hasta formar parte de ese torrente que es nuestro imaginario colectivo como muy pocos autores han sido capaces de hacerlo. Y aunque todo se remonta a muchos años atrás, gran parte de culpa la tuvo su disco “Échate un cantecito” grabado hace ahora veinte años. Con el apoyo de Santiago Auserón, se jugó un órdago, a todo o nada. Y ganó.
Para conmemorarlo se ha hecho una reedición especial con material extra y se celebraba este concierto para revisar el álbum entero y, de paso, echar un vistazo al resto de su carrera. Y es que el “Cantecito” es un disco realmente redondo, con una colección de magníficas canciones que no solo han soportado estupendamente el paso del tiempo sino que, como digo, han pasado a ser una parte de nuestro tiempo y nuestras historias. Joselito, el Lobo López, el Mercedes blanco, los superhéroes de barrio… Todo un universo con el inconfundible sello Veneno.
La velada comenzaba con un amigo y compañero de largos años como Antonio Smash (al que Kiko quiso conceder también su “cachito de gloria”) que nos presentó en formato de trío su último trabajo en solitario ante una sala que apenas empezaba a llenarse. Comentar que el recital estaba inicialmente previsto que fuera en Joy Eslava, pero una semana antes la demanda de entradas ya había hecho que aquella se quedase pequeña y se cambiase a La Riviera, con mucha más capacidad. Cuando salió a escena Kiko ya parecía más que justificado el cambio de recinto, y el lleno acabó siendo total.
Como se anunciaba en el programa de mano del evento, comenzaron saliendo solos Kiko y Raúl Rodríguez (guitarra acústica) para hacer los tres primeros temas, que no se querían desvelar (el resto del repertorio sí se anticipaba en el programa, aunque al final tampoco se siguiera del todo – ni este ni el que los músicos tenían sobre las tablas, pero para eso están los planes… ¡para cambiarlos!). Con las primeras sorpresas, las primeras muestras de entusiasmo por parte del personal: “El calor me mata”, “Palabras para Julia” y “Farmacia de guardia” de inmediato encandilaron a los seguidores más fieles y veteranos.
Tocaba echarse el cantecito, entero y verdadero, y ya con la banda al completo. La historia del “Lobo López” sigue siendo tan hermosamente conmovedora como hace veinte años (quizá para algunos incluso más ahora, con el paso del tiempo), y lo seguirá siendo siempre. “El mensajero” y “Fuego” conservan también ese sabor y ese color tropicales que te impulsan sin remedio los pies y el corazón. Un gran momento fue el de “Echo de menos”, uno de sus estribillos más populares, y es que nunca no hay que olvidar que “si tú no te das cuenta de lo que vales, el mundo es una tontería…”. Sabias palabras, sin duda.
Sonó más cambiada “Salta la rana”, alargándose con un excepcional duelo de guitarras entre la acústica de Raúl y la eléctrica de Charlie Cepeda, uno de los momentos destacados de la noche. Hay que decir que el sonido fue bastante bueno durante todo el concierto, aunque en muchas partes la participación del público hacía que eso fuese lo de menos: lo realmente importante era que todo el mundo se sabía las canciones, y que las cantaban felices porque se identifican con ellas.
Las sencillas reflexiones de “Me siento en la cama” o “Reír y llorar” permitían momentos de respiro pero sin perder la intensidad, para llegar a las ya más que populares estampas de “Joselito” y “En un Mercedes blanco”, presentadas con alguna variación en lo musical pero tan familiares, de tan oídas, que todos tenemos sus historias visualizadas una y mil veces. Y sin apenas darnos cuenta, de lo agustito que se estaba pasando, se cumplió la primera parte del programa.
A la vuelta del descanso (“diez minutos pa’ tomar una copita y volvemos”) repetición de la jugada: primero Kiko y Raúl, de nuevo solos, se arrancaron esta vez con “La casa cuartel” para luego ir pasando de “Dice la gente”, su último trabajo, a “Los delincuentes” de su legendario primer disco junto a los hermanos Amador, “Veneno” (1977). Siempre me ha encantado el aire fresco y festivo de esta pieza, que podría perfectamente ser una chirigota de Carnaval, algo que se acrecentó aquí con la introducción de los pífanos con que se acompañaron en esta ocasión el propio Kiko y las dos chicas de la banda,
A propósito, debemos destacar el gran papel haciendo coros y en el acompañamiento instrumental de Anabel (teclados) y Ana (percusión), y por supuesto de todo el resto de la banda: Los Notas del Retumbe, como se hacen llamar con tanta guasa como razón, porque ¡cómo suenan, oiga! Aparte de las ya mencionadas guitarras, la sección rítmica formada por Juan R. Caramés al bajo, Jimmy Glez a la batería y Ráfaga en las percusiones es de las que realmente te quitan el hipo. Todo un lujo de músicos, la verdad.
Y quedaba más candela: pocas adaptaciones se habrán hecho de Dylan con tanta gracia y personalidad como “Memphis Blues Again”, volviendo a enganchar el vacilón marca de la casa. Sorprendió la inclusión sobre la marcha de la dicharachera “Dime A”, muy bien traída en cualquier caso, para dar luego paso a una poderosa y ácida recreación del tema “Veneno”, casi heavy metal. El tiempo se iba volando y ya se tenían que ir quemando los últimos cartuchos: “Coge la guitarra” como última concesión y fin de fiesta con Tomasito y Jairo (más conocido como Muchachito Bombo Infierno), como no podía ser de otra manera, con la imperecedera “Volando voy”.
Nada más se podía pedir. Sin embargo, de allí no quería moverse nadie: la pitada pidiendo más fue realmente ensordecedora y obstinada, prolongándose como pocas veces en esta sala – aún a sabiendas que eran ya las doce, y que por mucho que se insistiese aquello se había acabado, por lo menos se intentó.
Al salir, cruzando el Manzanares, pensaba lo lejos que quedaba ya esa otra velada de hace casi veinte años, solo unos metros más allá en la otra orilla del río cuando nos presentaba por primera vez estos cantecitos (en la ya desaparecida Aqualung, y con Raimundo a su vera) que acabaron suponiendo la confirmación definitiva del arte de Kiko. Quién iba a decirnos que veinte años después estaríamos tan cerca y tan lejos para revivir aquello… Igual dentro de otros veinte algo parecido puede volver a suceder. Quién sabe. Ojalá.
JAVIER GOMEZ ESPINOSA / SONIA MÉNDEZ
Cronica subida por Redacción el 2012-05-30 |