JANE BIRKIN

Gran recital de la que fuera musa de Serge Gainsbourg

Lamente perderme la actuacion del año pasado de JANE BIRKIN en el Circulo de Bellas Artes asi que no podia dejar pasar la ocasion en su regreso a la capital, donde inauguraba el ciclo Ellas crean y ademas venia a presentar su ultimo trabajo Enfants dhiver, el primero en el que ella es la escritora de todas las letras. El espectaculo se planteo de manera austera, con cuatro musicos dos hombres, guitarra y piano, y dos mujeres, violonchelo y contrabajo como compania de la cantante anglo-francesa y otras tantas bombillas de filamento como unico aporte escenico, una vez retirados dos carteles con la fotografia de la premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, que presidian el escenario hasta el inicio de la actuacion. Recien cumplidos los sesenta y dos años sigue conservando un aura juvenil con look androgino, camisa blanca, chaleco y corbata desanudada, como cuando grabo hace cuarenta años la mitica Je taime Moi Non Plus junto a Serge Gainbourg, del que precisamente se cumplia esa noche el decimoctavo aniversario de su fallecimiento. El concierto fue de menos a mas. Hubo muchos momentos en los que se peco de linealidad, sin apenas variacion de registro, resultando mas interesantes las peroratas a medio camino entre el ingles, el frances y el espanol con las que presento muchas de las canciones. Temas nuevos como Madame, Periode Bleue y Aung San Suu Kyi se mezclaron con clasicos de su carrera de la talla de Ford Mustang, Ex-fan Des Sixties, Lanamour o la curiosa Exercice en forme de Z. Lo mejor vino en el tercio final del concierto, con la interpretacion de Strange Melodies, que le compuso Beth Gibbons Portishead, en donde se tiro al suelo delante de un pequeno foco de luz y con la curiosa escenificacion de Yesterday Yes A Day, con un paraguas de luces con el que se mezclo entre el publico tanto de platea como de anfiteatro. Hubo tambien tiempo para rescatar alguna que otra rareza como Le Moi Et Le Je o Quoi y un bis reclamado y merecido, que nos llevo a la hora y tres cuartos de actuacion, algo inhabitual en los tiempos que corren y que confirmo que hay musicos que, como los vinos, envejecen de maravilla.

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