ELLIOTT MURPHY

Un ejemplo de saber hacer

Es verdad que Elliott Murphy se prodiga mucho por estas tierras, pero eso no parece que canse a la gente, sino todo lo contrario. Viendo como lleno el Kafe Antzokia de Bilbao, queda claro que cuenta con un nutrido grupo de fieles seguidores. Algo les dara, se podria decir. El veterano artista, neoyorquino de nacimiento y parisino de adopcion, venia acompanado esta vez de los Normandy All Stars, que encabeza el guitarrista Olivier Durand. Nada mas comenzar, se vio que la banda complementa a la perfeccion al senor Murphy, como una maquina bien engrasada, con unos coros precisos y preciosos que daban cuerpo a las sencillas melodias del americano. En Green River, tanto Murphy como su escudero Durand, comenzaron a aporrear las cuerdas de sus guitarras como ellos saben, haciendo de este pegadizo tema, un perfecto ejemplo de lo que es su musica, y lo que iba a ser el resto del concierto. Por una parte, la intensidad, reflejada en los punteos de Olivier Durand, y por otra, la personalidad, el talento y la energia de un viejo rockero como Elliott Murphy. Una gran pareja, de la que Taylor, la marca de guitarras que los patrocina, puede estar bien orgullosa. Naroa, cantante del grupo Amaiur, compartio escenario en un par de temas con Elliott Murphy. Ese tipo de detalles, al igual que cuando Murphy cantaba sin acompanamiento, buscando la complicidad del publico, fueron determinantes para romper con la monotonia que tiene todo concierto, sobre todo cuando se sabe que va a superar las dos horas y media, como es habitual en el. La fabulosa Last Of The Rock Stars fue uno de los momentos algidos, al igual que la emotiva On Elvis Presleys Birthday, donde el bardo del rock que es Elliott Murphy se lucio, rascando en la nostalgia de los alli presentes. El concierto iba para largo, no iba a ser cuestion de un par de bises, estaba claro. Y las canciones cayeron una detras de otra. Come on Louann, I wish I was Picasso, o las versiones prescindibles de Gloria de Van Morrison y la archiconocida Twist Shout, entre otras. Descamisado y encendido, Murphy incluso se tropezo, sin que el tema pasase a mayores. Eso si, como un autentico profesional, no tardo ni dos segundos en reincorporarse, y siguio como si nada. Para terminar, busco la complicidad del publico para cantar un Drive All Night totalmente intimista, de susurros, sin hacer ruido, gozando sencillamente de la musica. La gente respondio, acariciando una cancion de las que se te quedan grabadas, un tema sencillo y eterno que no necesita de artificios para llegar hasta lo mas hondo. Asi, termino una noche en la que Elliott Murphy volvio a convencer, y no dejo lugar a dudas sobre su savoir faire o saber hacer en los escenarios. Todo un artista.

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