PLACEBO

Concierto decepcionante en todos los sentidos

Alejados de los grandes circuitos musicales y en una de las paradas de su pequeña gira veraniega por nuestro país, Placebo ofreció el pasado jueves un concierto en la feria de muestras de la capital vallisoletana.

Con la desconexión propia del período estival no he podido seguir las andanzas de Brian Molko, Stefan Olsdal y el más recientemente incorporado Steve Forrest por tierras españolas, por lo que desconozco los detalles de las actuaciones en Barcelona, Gijón, Córdoba o Benidorm, pero lo que es seguro es que la de Valladolid no fue de las mejores. En lo personal, afrontaba el bolo con mucha ilusión, ya que, aunque se trataba de la cuarta vez que vería a una de los grupos que forman parte de la banda sonora de mi vida, nunca antes lo había hecho fuera del marco de un festival. Pero ya desde el principio se echaba de menos el ambiente que se respira en las grandes citas: ni el recinto acompañaba demasiado, ni las entradas estuvieron cerca de agotarse, ni los nervios o, incluso, la histeria entre los asistentes estaban a flor de piel.

Obviamente, esto no hubiera pasado de lo puramente anecdótico si los británicos hubieran dado el do de pecho. Superada la gira de presentación de su último trabajo, la noche comenzó con la ya clásica y querida “Nancy boy”, aunque rápidamente volvieron por aquellos derroteros con “Ashtray heart” y “Battle for the sun”. Más pendiente de tomar las fotografías que ilustran esta crónica que de disfrutar las canciones, abandoné el foso con la vaga sensación de que el sonido no era todo lo bueno que cabría esperar, aunque lo achaqué a los típicos momentos iniciales en los que se continúa afinando todo hasta encontrar el punto más dulce. Una vez guardé la cámara y atendí al concierto con los cinco sentidos pude constatar que, efectivamente, el sonido estaba siendo un auténtico desastre… de este modo, los temas se iban sucediendo uno tras otro sin que nadie hiciera nada por solucionarlo. Porque lejos de la responsabilidad del técnico de sonido, lo cierto es que la banda no tenía su noche: cortes tan míticos como “Every you and every me” o “Special needs” alterados y adelgazados hasta hacerlos irreconocibles y no emocionar ni un poquito, despistes de Molko a la hora de pisar el pedal de la distorsión cuando correspondía (hasta en dos ocasiones), permanencia de tan sólo una hora y cuarto sobre el escenario con un repertorio raquítico y falto de muchos temas imprescindibles para el “seguidor medio”…

Precisamente, los músicos solamente pudieron superar el aprobado en temas pertenecientes a su último álbum, como “Breathe underwater” (no la mejor del compacto, pero, curiosamente, sí la mejor de la noche por los toques “dance” de su estribillo) o “The never-ending why”, lo que me hace pensar que en lo técnico las composiciones más recientes priman sobre las más antiguas, determinando el sonido o las posibilidades del directo. Pese a todos estos inconvenientes, el público parecía disfrutar en todo momento como sugestionado por cierta sustancia farmacológica inerte que da nombre a cierto grupo, pese a haber pagado 38 € por cada boleto o haberse desplazado desde lugares cercanos (como la olvidada Madrid) para presenciar tan decepcionante espectáculo. En definitiva, una suerte de ensayo de puertas abiertas muy caro que más vale comenzar a olvidar.

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