MARCELO CHAMPANIER

Y parece que aún fue ayer

La actitud del argentino Marcelo Champanier no conoce la crisis. Cierto que ésta le ha pasado cerca en más de una ocasión: cuesta cerrar conciertos, hay que reducir presupuesto y plantilla y sí, más de una vez ha tocado remangarse la camisa y defender las canciones tras la única defensa de la propia guitarra, pero es lo que hay. Un desesperante “lo tomas o lo dejas” al que Champanier se ha lanzado con la convicción del que sabe que no tiene nada que perder y una fe absoluta en sus canciones.

En esta ocasión, con motivo de sus trece años en España (aunque a punto, curiosamente, de viajar a Argentina por segundo año consecutivo para comenzar una pequeña gira en su tierra natal), Champanier se presentó sentado al piano junto a su inseparable Claudio Gabis (padre del rock argentino y ex-miembro de los míticos Manal). Una unión altamente provechosa para Marcelo que se vio fortalecida, sobre todo, a partir de su tercer trabajo de estudio (Tiempo&Distancia), en el que Gabis participa en ocho de los diez temas y compone, además, uno de ellos.

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En dúo, pues, y con Fantasmas de la noche, tema de su segundo disco (Buenas intenciones) se abrió la velada. Le siguieron Lluvia de abril  y Los Laureles, canciones íntimas y exigentes en lo vocal con las que Champanier supo crear la atmósfera adecuada y metió al público de lleno en el concierto: él ya lo estaba desde el minuto uno.

Tras el arreón inicial, en el que recordó temas antiguos y repasó los de su último disco, el argentino se lanzó con la primera versión: la ya habitual en su repertorio Wheeping Willows, que Champanier interpreta al piano en solitario y que, como también va siendo tradición, le sirvió para lucirse. Casi inmediatamente después comenzó el desfile de invitados. Y con Ariel Rot llegó el escándalo. El público dejó por fin las cervezas en la mesa, se adelantó un par de pasos y, tras el Rock de la Luna, comenzó a gritar los versos de Milonga del marinero y el capitán tema de Ariel Rot y Estadio Azteca, de Andrés Calamaro. Versiones estas que sirvieron no solo para desentumecer las gargantas más perezosas, sino también para dejar claro quiénes son los jefes de esto. El carisma de Ariel Rot, la solvencia de Claudio Gabis y la actitud de Marcelo Champanier al servicio del espectáculo. Una combinación que, como no podía ser de otra manera, no falló.

Igualmente reseñable fue la aportación de Óscar Rama, cantante de Garaje Jack y gran amigo de Marcelo, que se lanzó con Piedra de toque, otro de los grandes temas de Tiempo&Distancia. Menos suerte tuvo, sin embargo, David Negrín (Perro Flaco) en El gran sueño americano, una canción que ya habían interpretado juntos con acierto en directo y en disco pero de la que en esta ocasión apenas pudimos disfrutar porque, lástima, apenas se le oyó.

Con Gabis y Rot de nuevo en el escenario se cerró, un tanto precipitadamente, el concierto. Dijo Siroco que no había tiempo para más y, aunque no pudimos disfrutar de esa enorme versión de  There is no time de Lou Reed que es No hay más que hablar con la que Champanier suele cerrar invitando a propios y extraños a subirse al escenario, si hubo tiempo para Fuera de la Ley, rock crudo de frontera con el que la voz de Champanier y la guitarra de Rot se ganaron un monumento.

Brillante repaso, en definitiva, a los trece años de Champanier en España, presidente honorífico de El club del aguante. Esperemos que resista otros trece más.

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