AVENGED SEVENFOLD + FIVE FINGER DEATH PUNCH + AVATAR

High School Metal

Noche gélida en Madrid para dar la bienvenida a una de las bandas más populares del “nuevo” Metal en los últimos tiempos. Al menos entre las nuevas generaciones de chavales que descubren el rock como espacio de expresión y que han aceptado a Avenged Sevenfold como los abanderados de la nueva tendencia. Fría noche que comenzaba con larguísimas colas desde antes de las seis de la tarde en las cercanías del Palacio de Vistalegre, protagonizadas por muchos asistentes lejanos todavía a la mayoría de edad, pero asumidas cordialmente por todos ellos. El rock and roll hoy ya poco tiene que ver con el de hace unos años. Metafórico resultaba ver la perfecta ordenación de las filas, en las que nadie se movía para alcanzar el deseado puesto cerca de los nuevos ídolos.

Avenged Sevenfold es un grupo que ha ido gestando una carrera solvente a través de unos discos bastante bien acogidos por el mercado, en estos tiempos en los que tan difícil es conseguir vender música. Tratando de contentar en su último trabajo a aquellos que les acusan de ser un grupo prefabricado y de reflejar todas sus influencias, que oscilan desde Metallica a Guns´n´Roses pasando por Black Sabbath. Desde Pantera a Stone Sour, la amalgama sonora que se observa en sus discos resulta cuando menos interesante y ciertamente tan amplia que la banda se ha convertido por derecho propio en un grupo para ser tenido en cuenta, al menos en lo que respecta a sus lanzamientos discográficos.

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Ordenadamente el Palacio de Vistalegre empezó a llenarse de los asistentes al concierto que, al menos en teoría, había colgado el cartel de sold out de las entradas de pista. Algo sospechoso puesto que la parte inferior del recinto no se llenaría más de dos terceras partes. Posiblemente los tristes sucesos ocurridos en el Madrid Arena hace poco más de un año tuvieran que ver en la decisión de limitar el aforo y ciertamente hizo que aquellos que habían comprado sus entradas para ver más de cerca de sus ídolos pudieran hacerlo con una comodidad superior a la que habrían tenido de haber estado completo el aforo.

Con media hora de retraso, que solo afectaría a las dos bandas invitadas, comenzaban el show los suecos Avatar. Repescados a última hora tras caerse del cartel Device. los de Gothenburg presentan una propuesta muy visual que cabalga entre la imagen más heavy de su guitarrista Jonas Jarlsby a la cercana al gótico del cantante y frontman Johannes Eckerström, con su cara pintada al estilo del personaje de cómic y cinematográfico El Cuervo. Salieron al escenario con muchísima fuerza y durante un show de apenas treinta minutos no dejaron de intentar convertir al Palacio de Vistalegre en una olla a presión. Su sonido, mezcla de Death Metal Melódico aunque con matices de Nu Metal levantó bastante la expectación de las primeras filas, aunque en general pasaron más bien desapercibidos. Vistosos, con energía y ganas de mostrarse frente a un público complicado, cumplieron a la perfección durante el breve concierto que pudieron ofrecer.

Tras unos minutos de descanso llegaba el momento de una banda muy interesante y que está creciendo asombrosamente en los últimos meses: Five Finger Death Punch. Con una propuesta que mezcla perfectamente el Groove, el metal y el punk, los americanos son una apisonadora en el escenario. Ivan Moody, su vocalista, es la pieza que hace que todo encaje, la adrenalina y chulería perfectamente encarnada sobre las tablas, sin abandonar su trabajo como vocalista, notable.

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Comenzaban con Under and over it y a partir de ahí la locura se desataba con Burn it down y Hard to see. Gran sonido y un auténtico puñetazo en la cara de los asistentes que,  al menos en las primeras filas, disfrutaron de lo lindo. Eso sí, la impresión final fue que, a pesar de ser una banda que en Estados Unidos venden discos a raudales, el público de Avenged Sevenfold español no había ido a verles a ellos. Una propuesta muy cruda, muy agresiva y sin contemplaciones que pareció sorprender a más de uno de los asistentes que tenían muy claro por qué estaban en ese concierto.

La razón no era otra que ver a los californianos cabezas de cartel en su nueva visita a España. La banda que va acumulando discos al mismo tiempo que incrementa su popularidad de forma superlativa. Y a partir del momento en el que el inmenso telón que cubría el escenario bajaba se producía la locura con su aparición en el escenario.

Llegado este punto he de hacer una crónica doble: Lo que el público vivía, en absoluto estado de felicidad, cantando todas y cada una de las letras de la banda. Con decenas de adolescentes, muchísimas de ellas chicas, gritando e incluso lanzando sin parar sujetadores al escenario, llevados a éxtasis por el sonido del grupo; lo que se observaba sobre las tablas, con una perfecta producción entre la que destacaba la inmensa calavera alada al fondo de un enorme escenario, pirotecnia, unas luces excelentes y un sonido con volumen justito pero correcto en su calidad.

Buena producción, fotogénicamente impecables, en comunión con el público, buen sonido… En principio los ingredientes perfectos para que el concierto pudiera ser calificado de un éxito. Y posiblemente para la mayoría de los asistentes así fue. Especialmente a tenor de las caras de felicidad mientras cantaban Shepard of Fire, Hail to the King o las enloquecedoras Welcome to the Family o Buried Alive. Incluso el solo de guitarra a cargo de Synyster Gates, absolutamente prescindible, pareció llevar al éxtasis a sus seguidores. Y por supuesto cada vez que M. Shadows, el cantante, hacía el mínimo guiño a la parroquia, esta alcanzaba momentos de paroxismo.

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Y dicho todo esto, he de reconocer que algo muy parecido habría podido escribir si hubiera asistido a un concierto de One Direction. Al margen de la producción y de la acogida de sus fans, musicalmente no me habrían dicho nada. Como así me ocurrió con Avenged Sevenfold. En el escenario parecen encarnar los arquetipos clásicos del instituto de película de adolescentes: el guapo, el feo, el malote, el friki y el panoli que acaban montando un grupo de música y tocando frente a sus compañeros enloquecidos en la escena final. Todo perfectamente coreografiado y edulcorado para todos los públicos. Bien encuadrado y con la aureola perfecta de una radicalidad Made in Disney. Incluso las canciones, aceptables y alguna de ellas notables en disco, pierden cualquier tipo de personalidad sobre un escenario tan inmenso como vacío de sustancia por sus intérpretes. Músicos mediocres a los que no se les exige más que atraer y entretener a un inmenso público que tan solo quiere disfrutar del concepto ídolo. Puede que con eso sea suficiente. A fin de cuentas el rock and roll es en buena parte espectáculo.

En cualquier caso, bandas como Avenged Sevenfold hacen que chicos y chicas muy jóvenes descubran que existe el rock.  Tal vez lo de menos es que se empiece escuchando un grupo intrascendente. Al final la música y el rock es diversión. Y sobre todo la obtención de la felicidad del fan. Y si valoramos realmente esto hay que reconocer que el concierto cubrió sus expectativas.

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