NASHVILLE PUSSY + CHEERLEADERS ASESINAS

Zambombazo de Rock

Directos, sinceros, entregados, asesinos… adjetivos no faltarían para definir la presencia en un escenario de NASHVILLE PUSSY. Un verdadero torrente de guitarreo macarra.

Pero comencemos por los teloneros: unos CHEERLEADER ASESINAS que no aportaron demasiado y que lo tuvieron realmente difícil ante una sala perezosa para recibir gente. Empezaron con aproximadamente 50 personas y hasta las últimos tres temas no se vio algo de ambiente, aparte de los habituales fans y amigos. Quizá no era su día o no era su lugar, pero nos quedamos con sensaciones más bien frías.

LCA (2)

Eso sí, en cuanto aparecieron Blaine Cartwright y sus chicos/as, la cosa se puso caliente. Con un sonido bastante bueno (reconozco que pasé el concierto en primera fila, y aún así disfruté de lo lindo) y una actitud fuera de lo común, pusieron a la sala a moverse y a disfrutar.

Resumen del rock americano con raíces, pero pasado por un acelerador, la pareja formada por el cantante y Ruyter Suys es impecable. No por guapos, seguramente, pero sí por buenos músicos y rockeros indiscutibles. Lo de esa mujer es de otro planeta. Esta vez no necesitó enseñar sujetador ni ser en exceso simpática para dedicarse en cuerpo y alma (si es que los rokckeros tienen de eso) a su Gibson SG, desgranando temas para empezar como Keep on Fuckin´, High as Hell o Wrong side of the gun que pusieron en la senda del ritmo más loco a todos los que estábamos allí.

Las otras dos patas del banco, son diferentes: la nueva incorporación, la bajista Bonnie Buitrago, tiene oficio y, sobre todo, una actitud muy en consonancia con la banda. Sin parar de moverse y hacer headbanging, fue una dosis de energía bestial.

10

Lo de Jeremy Thompson es otra historia: sin floritura ninguna, preciso y potente, no altera un pelo de su larga barba ni en el pequeño solo que se marca como presentación.

El caso es que disfrutábamos de lo lindo con temas clásicos como I´m the Man o I´m so high y de alguno del nuevo álbum, como el que le da título, Up The Dosage, del desparramo de energía de Blaine, embutido en su chupa de colores patriotas, cuando, ejecutando uno de esos bailes marca de la casa, al hombre, que no anda precisamente hecho una tormenta de músculos, le dio un mareíllo y cayó al suelo. Poca cosa para un tipo duro como él. Se levantó con un poco de ayuda y a los pocos minutos se echaba una cerveza sobre la melena, apuraba un gran trago de su botella de Bourbon y seguía imperturbable el eléctrico show, marcándose  un Go Motherfucker Go que no dejó dudas de que estos tíos tienen cuerda para rato y de que son de una autenticidad fuera de toda duda.

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