SON ESTRELLA GALICIA: CALVIN JOHNSON

Diversión en riguroso “desenchufado”

Músico, productor, DJ y director de un sello discográfico son algunos de las ocupaciones que podría dar en su tarjeta de presentación CALVIN JOHNSON. Supongo que la de gurú musical también se le podría aplicar si no, no se explica cómo tanta gente del mundillo musical madrileño se acercó al Teatro del Arte. La sala se llenó y eso que coincidía con el partido de ida de Champions del Real Madrid, pero las visitas del músico de Olympia no son muy habituales por estos lares, por lo que entraba dentro de la lógica.

 

En cualquier caso, Calvin no cogió su guitarra hasta las diez y media, cuando el fútbol ya había echado el telón y con su guitarra en mano y sin ningún tipo de amplificación, ni para ella ni para su voz, consiguió que el silencio fuera absoluto durante toda su actuación, solo roto por los aplausos. Como si de un trovador moderno (me recordó mucho al esquema de actuación de Jonathan Richman) se tratara, engarzó canciones sin descanso, haciendo que no se produjeran los aplausos hasta que el mismo paraba un poco.

 

Para los que buscaban un concierto que mirara al pasado nostálgico de sus anteriores grupos como Beat Happening, The Halo Benders o Go Team no hubo premio. Temas de su corta carrera en solitario y de su último proyecto The Hive Dwellers, que como se encargó de recordar no estaban con él en este concierto, como tampoco la cantante de su sello K Records, Ruby Fray, con la que ha colaborado en la canción “Mint Ice Cream”, que también sonó durante la actuación y gracias a la que contó una graciosa anécdota de un viaje en el que pasó por la ciudad de procedencia de la muchacha.

 

Es de agradecer que limitara los chascarrillos a tres momentos de la actuación, por lo que no resultó pesado en absoluto, y si además se entendía bien la lengua de Shakespeare, hay que decir que resultaron bastante graciosas, como sus explicaciones sobre chistes del Saturday Night Live, en su época colegial. Y es que aunque se cuide bien, ya gasta cincuenta y un años. Fueron noventa minutos con ciertos altibajos, pero que encontraron en la sala el perfecto lugar para el tipo de actuación propuesta y una audiencia perfectamente entregada, con un momento glorioso de sonido de politono de móvil que no alteró lo más mínimo al músico.

 

Se intuyó al genio del que todos hablan, eso queda claro. Esperemos que en próximas visitas, la gente de La Castanya, que le organizó una larga gira por la península, le convenza de venir con alguna de sus encarnaciones en formato banda. Por aquello de comparar experiencias.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.