CAETANO VELOSO

El rock beneficia seriamente la salud

El rock beneficia seriamente la salud. Solo así se explican cosas como las de Keith Richards, Bob Dylan o, centrándonos en el caso que nos ocupa, Caetano Veloso, solo un año menor que el americano y un año mayor que el inglés. Hace bastante tiempo que el cantautor brasileño podría haberse retirado o, al menos, dedicarse a ofrecer algún que otro concierto esporádico con el que disfrutar agradable y tranquilamente del mucho público y las bien ganadas mieles que el Tropicalismo, esa sugerente mezcla de rock y bossa nova de la que Veloso es abanderado y máximo exponente, le proporcionaron.

Pero no. Nada más lejos de sus intenciones. Hace ya ocho años, en 2006, el cantautor se unió al power trio BandaCê. Grupo formado por los jóvenes (jovencísimos junto a Caetano) Pedro Sá como guitarrista, Ricardo Dias Gomes al bajo y Marcelo Callado a la batería, músicos curtidos en la escuela del rock independiente, con el que se embarcó en una nueva y sorprendente aventura que nos ha dejado ya tres discos: Cê (2006), Zii & Zie (2009) y, finalmente, Abraçaço (2012), tercer vértice del triángulo y motivo de su actual gira. Guitarras afiladas y distorsionadas y ritmos contundentes. Hay que escucharlo para creerlo, sí, pero lo sorprendente es que funciona e, igual de importante, que no suena nada forzado.

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A bossa nova é foda, primer tema del disco y primero de la noche marca un nuevo comienzo. Uno digno y muy meritorio, tengas la edad que tengas y te llames como te llames. Sobre un escenario sobrio pero estudiado, en el que destacaban cuatro cuadros con formas geométricas colocados sobre sus correspondientes caballetes, los tres jóvenes músicos que le acompañan sostienen y ocasiones son protagonistas de un espectáculo de rock con tanta clase como calidad en la interpretación.

Es posible que una parte de los asistentes (muy variopintos, por cierto) no supiera exactamente en qué anda metido últimamente el brasileño y acudiera al concierto esperando un repertorio diferente. No lo sé, pero Um abraçaço, solo incluido, suena fantástica y a buen seguro que convenció a los indecisos. Hubo tiempo, desde luego, para algunos clásicos de su extensísimo repertorio, pero Caetano Veloso no vino a hacer recuento de nada el pasado jueves sino a poner nuevas cartas sobre la mesa. La partida sigue y no parece que nadie vaya a dejar la mesa de momento.

Gradas llenas y pista a medio llenar en el Teatro Circo Price para disfrutar de un espectáculo en el que Caetano Veloso tuvo tiempo para arrastrarse por los suelos, desabrocharse la camisa durante uno de los temas e interpretar a capella, con el público convencido y entregado, la Tonada de la luna llena, canción del venezolano Simón Díaz.

Caetano Veloso tiene casi 72 años y varias vidas a sus espaldas. Esta semana hemos conocido otra de ellas, una más. No sabemos cuántas le quedan, pero a buen seguro que ésta no es ni mucho menos la última. Los médicos deberían empezar a tener en consideración la música popular a la hora de buscar terapias contra el envejecimiento. En serio.

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