CASPIAN + LEHNEN

Coitus interruptus

No creo en el fatalismo. Nunca he creído y no voy a hacerlo ahora, aunque eso conlleve renunciar a la tentadora comparativa entre el partido de España y Chile de la semana pasada y el concierto de Caspian en la sala Boite de Madrid. Los dos terminaron antes de tiempo y salvo por la coincidencia temporal, no existen mayores similitudes. No flotaba nada en el ambiente y que gripara una maquinaria hasta ahora perfecta en Brasil no provocó en modo alguno que gripara una maquinaria hasta ahora perfecta en Madrid: no hay efecto mariposa que valga. La furgoneta de Caspian se quedó tirada y punto. Ley de vida.

Dicho lo cual.

Lehnen suena muy bien. Tan bien que, de haberlo sabido, podrían haber organizado un concierto propio que hubiera incluido a Caspian como telorenos a posteriori. Este concepto me lo acabo de inventar, pero fue lo que, básicamente, sucedió. Los austríacos (en realidad, el grupo está dividido a partes iguales entre estadounidenses y austríacos: decanta la balanza su residencia en Viena) tuvieron que alargar su concierto en espera del grupo principal y, salvo (cojan aire, que me voy a poner exquisito) una caja que sonaba a rayos y centellas (perdonen la metáfora: era un sonido incómodo, entre metálico y hueco difícilmente descriptible) durante las primeras canciones, el grupo sorprendió. Abusando de la distorsión y sin salirse de las premisas sobre las que se asienta ese género llamado post-rock, defienden un repertorio de temas bien estructurados, con desarrollos largos pero intentando no perder de vista el esquema de la canción rock tradicional. Vamos, que nada de irse por las ramas indefinidamente. I see your shadow es su último trabajo hasta la fecha (septiembre de 2013) y en él se centró el concierto.

 Pasadas las once y media de la noche, con todos los bártulos a cuestas, bajaron las escaleras del local los componentes de Caspian. Cinco, como saben, tras la muerte del bajista Chris Friedrich. Montaron a toda prisa y se lanzaron al ataque. Waking seasons, su último larga duración hasta el momento, es un disco de casi una hora de duración y, como el resto de trabajos de la banda, basado en canciones de largo aliento y, en ocasiones (pienso en Gone in Bloom and Bough, que no sonó, o en Sycamore, que sí, para terminar) complejos desarrollos que merecen ser escuchados con calma, con el tiempo suficiente entre unas y otras para recobrar el aliento y reflexionar un momento sobre la contundencia sónica de la que son capaces los de Massachusetts. Caspian no suele tener prisas, y esta noche las tuvo. Caspian, expertos en presentar tranquilas melodías que se van revistiendo de instrumentos y distorsiones hasta crear una barrera infranqueable de sonido, no tuvo tiempo de desplegar sus alas. Caspian, que empieza chispeando y termina en tifón tropical, nos hizo un coitus interruptus en toda regla.

Tras las disculpas, prometieron sesión doble la próxima vez que vuelvan. Que no se les olvide: les tomamos la palabra.

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