Arenal Sound 2014: Un rockero en la corte del Indie pop

Una fiesta donde la música es lo de menos

Todo comenzó con “Words” de F.R. David y un amigo sin entrada. El festival ya había comenzado hace tres días, pero no podíamos irnos sin esperar a R., quien víctima de la inmoralidad empresarial no pudo comenzar sus vacaciones hasta el mismo viernes 1 de agosto. Éramos cuatro de momento. Mi amigo de infancia M., nuestros amigos en común R. y D.-el hombre sin entrada y yo.

Huyendo de los atascos por las interminables curvas de la carretera de Teruel llegamos a Burriana. Abrimos las ventanillas del coche y pudimos constatar dos cosas: que la humedad de la zona ya se nos había impregnado al instante y que Sidonie ya llevaba un tiempo tocando. Estábamos en el Arenal Sound.

Aparcamos donde pudimos. D, y yo fuimos a recoger mi acreditación y a conseguir una de las últimas entradas con camping que según la web oficial aún quedaban en taquilla. Tales entradas, huelga decir, nunca existieron. Pero gracias a dos almas caritativas que nos revendieron una entrada SIN camping, D. ya podía acceder a los conciertos. Faltaba por saber donde dormiría…

M. y R. seguían custodiando el coche cuando regresamos. Tras un par de vueltas alrededor del camping conseguimos aparcar como por arte de magia cerca de una de las puertas de acceso. Mi acreditación constaba de una pulsera; y un colgante donde tú mismo escribías el medio donde trabajas y tu puesto en él. D. se quedó el colgante para dar el pego y pasar el control del camping. Pudo pasar todos los días hasta nuestra partida el lunes sin ningún sobresalto.

Acampamos en el último espacio de tierra que quedaba sin conquistar y esperamos la llegada de G., quien venía de Barcelona y ya se estaba retrasando. Apareció cuando ya nos estábamos ventilando la segunda copa, y para celebrarlo decidimos tomar un par más. Mientras, observábamos la cantidad ingesta de juventud que pululaba debajo de las lonas negras que intentaban disuadir a los asistentes de ser abrasados por los rayos solares al amanecer. Muchachada que haría sentirse viejo a alguien de veinticuatro años recién cumplidos. Muchachada que luego atestaría el paseo marítimo a lo largo del camino al recinto de conciertos y que, botellón en el suelo, se afanaban por comprar camisetas fluorescentes con el escudo de los Ramones.

Cuando por fin conseguimos llegar a la puerta del recinto, G. fue el primero en ser cacheado. El agente de seguridad que lo registró creyó ver la oportunidad de ser nombrado segurata del año al encontrar un poco de marihuana en un bolsillo de su pantalón. Agarró a G. del pescuezo y lo lanzo a la Guardia Civil como se lanza una presa a una manada de lobos sedientos de sangre. Cuatro miembros de tan honrosa institución redujeron a mi amigo con una brutalidad innecesaria para acabar todo en una mundana multa. Eso sí, ni por esas G. perdió su eterna sonrisa.

Quince minutos después ya estábamos todos en el meollo, escuchando el rock progresivo -eso dicen- de Biffy Clyro. Tocaron la hora y cuarto habitual en la que incluyeron muchos avances de su último disco, “Similarities”. Igual que le pasó a la gran mayoría de bandas, la necesidad imperiosa de presentar lo ultimísimo hizo que el bolo fuera irregular, sin lograr alcanzar esa épica que la banda británica busca siempre a toda costa. Tras ellos, unos divertidos Wombats hicieron bailar al respetable hasta la llegada del verdadero festival…

Y es que para el “Sounder” medio, el festival carece de importancia hasta que suena el primer beat electrónico. La música es lo de menos, aquí se viene a montar una buena fiesta. Y qué mejor que con sonidos que se asemejan a cuchillos rallando platos y vuvuzelas atronadoras para desconectar y pasarlo bien. Unidos estos sonidos a una cantidad ingesta de trampas, claro está. A las 4.30 comenzó la tralla Madeon, jovencísmo DJ francés abanderado de lo que se llama french house y lo que hasta entonces era un público pequeño -en comparación a las docenas de miles de personas que se supone andaban por Burriana- se convirtió en una avalancha descomunal, formando una aglomeración que solo es posible creer si se ha visto.

A la mañana siguiente solo nos quedaban las fuerzas suficientes para ir a la playa a plantar la sombrilla y cobijarse bajo la sombra mínima que daba ésta; mientras algunos esperábamos nerviosos el concierto de Placebo. Antes, descargamos energías con los Layabouts, dando un gran concierto y, ¡aleluya! Con guitarras eléctricas que sonaban a lo que tenían que sonar, con riffs y todo. Y nos relajamos con el northern soul modernete de The Asteroid Galaxy Tour, firmes candidatos a componer la canción de una hipotética cuarta parte de Austin Powers.

 ¿Y qué pasó con Placebo? Pues que sonaron irregulares y algo planos, en parte por el lastre de su último disco, publicado en 2013, “Loud Like Love”. Sin embargo, Brian Molko y los suyos siguen teniendo la suficiente clase para hacer pasar un buen rato a todo el mundo en un bolo en el que se permitieron una gran versión del “Runnin up that Hill” de Kate Bush. Royal Concept aletargaron con su intento de Strokes sinfónicos la llegada de los Buraka Som Sistema. El público se volvió loco con su kuduro progresivo -como ellos lo llaman-, al ritmo de una batería desenfrenada y unos sampleados desquiciantes, mientras uno de los asistentes portando una camiseta de Steve Vai se preguntaba qué hacía ahí y un grupo de jovencitas se daban de golpes por haberse perdido unas de las otras. Para entonces ya había comenzado la verdadera tralla con Boys Noize. Suficiente por hoy.

Último día de festival. Nuestros ánimos bajo mínimos, especialmente tras la despedida de G. que al día siguiente tenía que trabajar. Pero M. está expectante por ver a Mando Diao. Los suecos cancelaron su última gira por España en el 2009, una espera muy larga que acabaría esa misma noche.

Antes se pudo ver a los más que sosos Bastille, por mucho que tiraran de una puesta en escena muy trabajada en los golpes de efecto, con su cantante encaramándose en lo alto de la torre de control de sonido -cuánto daño ha hecho Chris Martin-. Los residentes, eso sí, estaban entusiasmados. Luego llegó la sorpresa con FM Belfast, banda islandesa que conjugando los falsetes de Scissor Sisters con la puesta en escena de unos Talking Heads celebrando el arcoiris, hicieron bailar a todo el mundo con su pop electrónico desenfadado. Muy divertidos.

Y tras ellos vino el desastre. No es que dieran el peor concierto del festival pero sí el más decepcionante. M. no podía dar crédito a lo que estaba pasando. Del tiempo que tenía Mando Diao para toca solo aprovechó la mitad, mientras se perdían en medios tiempos innecesarios alargando las canciones de manera exasperante. También soltaban peroratas a mitad de una canción sobre lo bueno que es drogarse pero sin violencia, no querían otra Gaza ahí -?!-. Además, ahora se creen personajes salidos de la película de Drive, y han dado un tamiz ochentero a todas sus canciones que no pega ni con cola, excepto en las de su último álbum “Aelita”. La banda parecía ir a dos millones de años luz de su música, lo que me hizo pensar que en parte ellos creían estar en cualquier parte del universo.

Yo ya no tenía fuerzas para nada más que dormir hasta la llegada de la puesta de sol, momento en el que otra vez cogería el coche para el rumbo de vuelta. Todos contaron maravillas de Die Antwoord, su descabellada puesta en escena con un “Casper” gigante tocando su miembro viril mientras su cantante femenina gritaba “Fuck Me!” una y otra vez. A las siete de la mañana acabó la fiesta en Burriana y para mediodía ya solo quedaban los colgados que necesitaban reponer fuerzas aún.

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