ANATHEMA + MOTHER’S CAKE

De balada en balada

Los rockeros británicos Anathema, que ya cuentan con nada menos que una docena de discos a sus espaldas, vuelven a Madrid para presentar el más reciente de ellos, Distant Satellites (2014), ante un público muy joven y entusiasta.

 

Siete y media de la tarde y junto a la Sala Arena se había formado una larga cola de gente que esperaba ansiosa a que se abrieran las puertas. Aunque los miembros de Anathema, que crearon el grupo en Liverpool en 1990, ya no sean precisamente muy jóvenes, está claro que han conseguido enganchar con su música a nuevas generaciones, que acudieron expectantes al concierto. Lejos quedan los años en que estos británicos tocaban lo que se conocía como “doom metal”, ahora hacen un rock alternativo en el que optan por sonidos atmosféricos e incluso se acercan al pop gracias a la voz de la cantante femenina, cada vez más presente en su música.

26  Anathema

Para su concierto de Madrid, Anathema contaron con la presencia del trío de rock austríaco Mother’s Cake como teloneros. Ellos son Yves Krismer (guitarra y voz), Benedikt Trenkwalder (bajo) y Jan Haussels (batería), que fundaron este grupo de rock progresivo en el 2008 y tienen un sonido con influencias de grupos como The Mars Volta. Se hicieron populares al ganar el concurso Local Heroes en Austria en el 2010 y hasta la fecha llevan publicados un EP y su disco de estudio Creation’s Finest (2012). Empezaron a tocar a las ocho de la tarde, cuando aún había gente entrando en la sala y tengo que reconocer que me dejaron bastante impresionada por su energía y la calidad de su sonido.   A la izquierda del escenario se situaba el cantante, al que apenas se le veía la cara por el flequillo y que tiene una de esas voces agudas típicas de la música heavy, en el centro el batería y a la derecha teníamos al bajista, descamisado, el auténtico protagonista del grupo por su simpatía, así como por la personalidad que imprime al sonido de este grupo. Sin duda, todos pasamos un buen rato durante los tres cuartos de hora de actuación que nos supieron a poco.

Media hora más tarde saltaron al escenario los miembros de Anathema, cuyo núcleo fuerte está constituido por los hermanos Cavanagh: Vincent a las voces y la guitarra, Daniel a la guitarra principal y los teclados y Jamie al bajo. A ellos les acompañaban John Douglas (batería), Lee Douglas a las voces y Daniel Cardoso (batería y teclados). Cuando vas a ver a este grupo en concierto, nunca sabes si les va a salir la vena rockera, o si van a incidir más en su vertiente atmosférica… y en este último concierto está claro que optaron por lo segundo, pues durante su hora y media de espectáculo oímos un sinfín de baladas, a las que el público acompañó coreando y dando palmas.

20  Anathema

Empezaron tocando la primera parte de The Lost Song, tema incluido en su álbum más reciente, y que no sonó especialmente bien, puesto que sólo se oía claramente al batería, el cual aporreaba la batería desde el otro lado de un cristal. Por suerte, para cuando  empezó a sonar la segunda parte de este tema, habían conseguido solucionar los problemas técnicos. Aun así, durante todo el concierto preponderó el sonido de los teclados, la batería y la guitarra principal, mientras que las voces no nos llegaban con claridad y en lo que se refería al bajo y a la guitarra del cantante, simplemente no se oían. La actuación del grupo se centró principalmente en los temas de los últimos dos discos: Ariel, Anathema, The Beginning and the End, Distant Satellites o Firelight, que fueron desfilando sin pena ni gloria, quizás porque al sonido le faltara algo de potencia (en algún momento el público llegó a pedir que se subiera el volumen de la música), o porque la elección de los propios temas no fuera la más adecuada. Pese a todo, hay que admitir que los asistentes siguieron el espectáculo con interés y que aplaudían entusiasmados al finalizar las canciones. Terminaron la parte oficial del concierto con su Closer de ese gran disco titulado A Natural Disaster, al que siguió un bis con cuatro canciones más, donde tocaron su inevitable A Natural Disaster, que les quedó algo deslucida.

Sin duda, me quedo con la actuación de los teloneros, que sonaron mucho mejor e hicieron un rock mucho más fresco y potente que el de los propios Anathema. Pero una noche es una noche: nadie duda de que estos británicos puedan seguir regalándonos conciertos impresionantes como el que dieron hace un par de años en la Sala Joy Eslava.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.