ELLIOTT BROOD

Folk-rock canadiense

Apenas una semana después del lanzamiento de su quinto álbum de estudio, Work and love, (a los que habría que sumar sus tres EPs y un DVD), el trío canadiense (que esta vez no lo fue) Elliott Brood aterrizó en España para ofrecer los primeros conciertos de una gira europea que dejó nuestro país este viernes treinta y uno de octubre (su última actuación tuvo lugar en el Serie Z Festival que organizada la sala Paul de Jerez) para trasladarse a continuación a Alemania, Reino Unido y Holanda. El grupo, como apuntábamos, presentó novedades y salió al (como siempre) oscurísimo escenario de la sala Boite en compañía de Aaron Goldstein, que se encargó de la steel guitar, aportando melodías y ese sonido folk tan característico que, sin duda, sumó (y mucho en ocasiones) a las canciones de Elliott Brood.

A diferencia de lo sucedido en anteriores conciertos del grupo en nuestro país (actuaron en la última edición del BBK Live de Bilbao y también nos visitaron el año pasado) el concierto se organizó esta vez, como no podía ser de otra manera, en torno a las canciones de su último trabajo, un conjunto de nueve canciones que, aún siendo reconocibles en su estilo, suponen una clara evolución respecto a trabajos anteriores, más rock y menos folky aunque, por supuesto, pudimos disfrutar del banjo de Mark Sasso. La única pena es que Stephen Pitkin, el batería, ya no use una maleta Samsonite y se haya decidido finalmente, lástima, a usar un bombo normal y corriente.

El concierto se movió entre los mismos parámetros por los que transita el álbum: el paso del tiempo, la melancolía y una cierta alegría contenida. Vestidos de blanco riguroso los cuatro y con una entrada bastante aceptable para un lunes por la noche, abrieron con Taken, cuarto corte del disco y continuaron con Little ones, la primera del disco, una emocionante canción para intentar detener el tiempo y no crecer tan rápido.

En la otra mitad del setlist, la que dejaron libre las nueve canciones del último álbum, los canadienses se esforzaron por hacer un repaso de toda su carrera, y aunque incluyeron grandes temas como 31 years o If I get old, con la que cerraron por primera vez antes de pasar a los bises, excluyeron de su repertorio (inexplicablemente) el que es su tema más conocido hasta el momento Write it all down for you, perteneciente a su segundo disco Mountains Meadows, de 2008. Si se trata de un mecanismo de autodefensa con la intención de no encasillarse demasiado en un tema concreto o evitar ser previsibles, lo desconocemos.

En resumen, un concierto entretenido y correcto, sostenido por el buen sonido y las bonitas canciones de los canadienses pero que, en mi opinión y más allá del pequeño grupo de incondicionales, no consiguió emocionar especialmente. No creo que los chicos de Elliott Brood, tampoco, lo cuenten entre sus mejores actuaciones.

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