LUKE WINSLOW KING

¡Desalojo de la sala!

El concierto estaba anunciado a las 21h en la sala Siroco. Hacía un día bastante frío, aunque no llovía ni nevaba como días atrás. El caso es que faltaba casi media hora cuando yo llegué a la puerta, pero allí me enteré que no, que no iba a empezar a las nueve, que a las nueve abrirían las puertas. Ya digo que el día estaba fresco, y quedarse tanto tiempo parado sin poder hacer nada es bastante “incómodo”.

Pasadas las nueve abrieron puertas. Bajé y me situé delante del escenario, y a seguir esperando mientras la sala se iba llenando porque habían agotado las entradas.

Empezó el concierto a las diez menos cuarto. Los músicos se acoplaron en el pequeño escenario de la Siroco y comenzaron a sonar las canciones de Luke Winslow-King que nos trae el swing de Nueva Orleans. Un tipo joven, elegantemente trajeado y con gusto por la música tradicional, que es guitarrista, cantante y compositor de las canciones. El resultado es una bonita mezcla de blues, jazz, ragtime y rock and roll. Es la primera vez que actúa en España y viene presentando su último disco “Everlasting Arms”, un disco realmente inspirado.

Luke a la guitarra, frecuentemente con slide, vino acompañado de su banda compuesta por batería (Benji Bohannon), contrabajo (Ale Cecala), guitarra (Roberto Luti) y la mujer de Luke, Esther Rose, que también canta y se encarga de percusiones en la tabla de lavar, la pandereta y golpeando una herradura. Primero todos juntos en temas como “The crystal water springs” o “Tell me”. A partir de ahí, algunas canciones sacaban a los músicos de escena y luego retornaban en las siguientes. Sin duda, el dúo de los King con “You & me” y “Piero” fue muy aplaudido. Después de ellos regresó Roberto, también muy apreciado en los punteos guitarreros, y de nuevo toda la banda. A mí personalmente me gustan mucho las canciones donde también canta Esther. Tiene una voz muy frágil que emociona.

Pero ya me adelantado en la crónica. No habría transcurrido ni veinte minutos cuando se subieron al escenario para decir que el concierto no podía continuar, que había que vaciar la sala de público y luego volver a entrar.

Y ¿por qué? Nadie dijo nada. Los rumores eran que alguien había denunciado que había demasiada gente. El aforo de la sala Siroco debe rondar las doscientas personas, así que pasó un rato para que todos nos estuviéramos en la calle. Allí estaban un montón de policías municipales que intentaban controlar la situación, debido sobre todo a la cantidad de personas, mientras los vecinos se asomaban a las ventanas para ver qué pasaba. Otro buen rato al fresco y, por fin, adentro. Pero claro, ahora a ver en qué orden. Empezaron por una fila e iban contando a la gente. Justo cuando me tocaba a mí, el portero tuvo la brillante idea de dar paso a la otra fila, y a pesar de mis quejas no conseguí nada. Cuando llegó mi turno de nuevo y bajé al escenario comprobé que ya no había sitio en las primeras filas y me tuve que quedar más atrás, con visión limitada y, por supuesto, ya nada de fotos. Tardó un rato en volver a entrar todo el mundo, y entonces el encargado de la sala se subió al escenario para decir que sentía lo que había sucedido y por la gente que se había ido porque se les hacía tarde. Que nunca les había sucedido algo así en su 25 años de andadura. También dijo que no echáramos la culpa a los promotores, que ellos no tenían nada que ver y que buenos conciertos nos traían. ¡Sólo faltaba!, y ¿por qué ibámos a echar la culpa a los promotores? Tampoco esta vez dieron ninguna explicación.

El concierto se reanudó casi a las once, la gente aplaudía, pero indudablemente se había estropeado la noche. Hacía muchísimo calor y resultaba muy incómodo. Cuando salí le oí decir a un encargado a una señora que se quejaba del agobio que había dentro, que habían quitado el aire acondicionado cuando desalojaron la sala, pero ahora lo iban a poner a tope. Increíble.

Espero que la próxima vez tenga mejor suerte Luke Winslow-King y su banda, que se lo merecen.

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