JAMES VINCENT McMORROW + RHOB CUNNINGHAM

Él sólo se basta y se sobra

Si bien James Vincent McMorrow nos había visitado hace pocos meses (finales de octubre) para presentar el que hasta la fecha es su segundo disco de estudio, ‘Is Tropical’, el conocimiento del gran público en nuestro país llegó de la mano del famoso anuncio de la lotería de Navidad días más tarde de dichas actuaciones. Pero si en aquella ocasión se hizo acompañar por una banda, aquí vino a tocar el sólo con sus guitarras y un teclado.

Rhob Cunningham (5) copySe hizo acompañar por su compatriota RHOB CUNNINGHAM que nos deleitó con sus delicadas composiciones, también en riguroso solitario, mostrándose amable y dicharachero. Muchas veces da envidia ver lo que ocurre en ciudades donde hay una buena cultura de clubs en donde cantautores pueden empezar a darse a conocer. Yo no había escuchado nada de su música, pero me hizo querer indagar más en su música. Os recomiendo le echéis un vistazo a su Bandcamp.

Que JAMES VINCENT McMORROW tiene un aire cantando a Justin Vernon (Bon Iver) no se le escapa a nadie. Pero al disfrutar de sus composiciones de una manera tan desnuda y natural se intuye que todo queda en ese parecido razonable, para construir su propia historia sin imitar a nadie. Evidentemente tiene influencias y eso lo deja claro en el par de temas que versiona, “A Song For You” (Leon Russell) y “Higher Love” (Steve Winwood) pero durante una hora y media nos meció con una voz portentosa y con los rasgos de la humildad del que sabe que apenas ha arrancado en este mundillo y se entretiene en contarnos historias entre tema y tema (al no tener banda se le notaba más suelto) y arrancar los aplausos de la misma manera que con las canciones.

Y ojo, que aquí, en apenas dos referencias discográficas, ya tenemos temas para apuntalar firmemente una carrera. Y no nos referimos solamente a “Glacier”, (conocida como “la del anuncio”), sino a grandes canciones como “We Don’t Eat”, “Red Dust” o “If I Had A Boat”, encargada de la primera despedida del músico del escenario. Pero es que tampoco se quedaron atrás otras como “Cavalier” o “Look Out”. Desde luego como te coja en un día tonto, te puede dejar muy tocado, pero en esa noche de martes, lo que logró en mi fue un extraño efecto euforizante, que se reforzó con la descomunal demostración completamente desenchufado y con un público a la altura de las circunstancias (la única queja de la noche fue el continuo movimiento de móviles para sacar fotos) para degustar como si de buen caviar se tratara “And If My Heart Should Somehow Stop”, antes de salir del teatro con la sensación de haber vivido uno de esos pequeños grandes momentos que nos ofrecen las actuaciones en directo.

Que le vaya bonito y vuelva pronto con nuevos temas bajo el brazo, señor McMorrow.

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