SON ESTRELLA GALICIA: TULSA

Regresa con La calma chicha

La expectación era alta. Las entradas agotadas con días de antelación demostraban las ganas sus seguidores de escuchar en directo las canciones de La calma chicha, el nuevo y bellísimo disco de Tulsa. Un álbum (el tercero) extraordinario de principio a fin. La sala El Sol, el mismo escenario en el que se despidiera hace cuatro años para poner rumbo a Nueva York (donde aceptó un trabajo como médico psiquiatra, su otra profesión) fue el lugar elegido por la cantante guipuzcoana para consumar su (muy esperado) regreso a la capital. Como telonero, Alfredo Niharra disfrazado de Lee Perk y armado únicamente con su guitarra.

La noche comenzó con Ay, uno de los nueve cortes de La calma chicha y uno, por cierto, de los menos rompedores respecto al sonido anterior del grupo liderado por Miren Iza. Justo después, quién sabe si debido a los nervios del regreso, la cantante sufrió un pequeño lapsus durante la interpretación de Algo ha cambiado para siempre. Gajes del oficio.

TulsaII

El espectáculo siguió una clara línea ascendente. Miren se fue desatando poco a poco y el show ganó empaque y consistencia a cada canción sostenido por una especie de selección nacional de músicos de alto nivel que si bien estaba formada inicialmente por Ramiro Nieto (The Right Ons), Martí Perarnau (Mucho) y Javi Blanco (Betacam), se vio rápidamente enriquecida con la presencia del telonero Alfredo Niharra a la guitarra y Chalie Bautista (un par de canciones a la guitarra, otro par a la batería). Entre todos, ensayando combinaciones que fueron desde Miren en solitario hasta los seis sobre el escenario, fueron desgranando las canciones del nuevo álbum y regalando algunas de etapas anteriores, incluyen un par de la banda sonora de Ignonauta, proyecto fraguado durante su estancia en Estados Unidos y nexo de unión entre pasado y presente.

Apostando por el mismo carácter intimista de siempre, lo cierto es que Tulsa, acostumbrados como nos tenía al folk-pop-rock, se ha recubierto en La calma chicha (de la mano de Chalie Bautista a la producción) de cierto velo sintético y electrónico que ha llevado su sonido a un nuevo y sorprendente nivel del que, vistos los resultados, no podemos sino alegrarnos. Para muestra, Oda al amor efímero y Los amantes del puente, desde ya mismo en la lista de mejores canciones del 2015.

Tras un final “falso, de esos del rock que nadie entiende” llegó el verdadero, dedicado en exclusiva, por cierto, a Espera la pálida (su segundo disco) del que recuperó tres canciones: Matxitxako, Aniversario de boda y Tus flores, ya con todos tocando al alimón. En total, apenas hora y cuarto de concierto. Demasiado corto para tan larga espera. Demasiado corto para tantas buenas canciones.

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