SEAN ROWE

Ese loco que todos queremos en nuestras vidas

El cantautor neoyorquino vuelve a Madrid armado con poco más que su voz profunda y una simple guitarra para demostrarnos que no le hace falta el apoyo de un grupo para presentar los temas de su último disco, Madman (2014)

Sean Rowe, nacido en Troy, New York, en 1975 ha tenido dos grandes pasiones desde su juventud: la música y la naturaleza. Cuando tenía siete años escribió su primera canción y a los doce su padre ya le regalaba un bajo con el que tocó en un grupo. Más tarde se hizo con una guitarra acústica que le sirvió para comenzar a tocar en solitario. Creció escuchando la música de los Beach Boys, o Elvis Presley, aunque los artistas que más atrajeron su atención fueron John Lee Hooker, Muddy Waters, Marvin Gaye o Ray Charles. Fue gracias al Open the Door de Otis Redding que se decidió a cantar también. Moviéndose siempre entre el folk, el blues y el rock alternativo, ha publicado nada menos que cinco discos en solitario, además de un sexto que grabó junto al músico Marco Haber bajo el nombre de Mudfunk. En cuanto a su faceta de naturalista, surgió tras la lectura del libro The Tracker, de Tom Brown, cuando tenía diecisiete años. Su pasión por este tema le llevó a hacer un año de estudios en el centro Hawk Circle Wilderness Education de Cherry Valley, NY, tras el cual realizó una prueba de supervivencia en solitario de 24 días para completar su formación. Actualmente sigue comprometido con este tema mediante la participación en blogs y talleres diversos.

 Los madrileños hemos tenido la suerte de poder ver a este personaje recientemente en directo. Se acercó un jueves por la noche a la sala El Sol, donde fue recibido por un público maduro y algo escaso, pero muy entregado, ante el que empezó a tocar poco después de las diez y media. Traía su pelo oscuro recogido en una coleta, su barba algo canosa y larga, un tatuaje en el brazo, vaqueros y camiseta oscuros y unos zapatos negros gastados. Subió al escenario con su guitarra acústica que tocaba con una técnica destacable, golpeando el cuerpo de la misma con la mano derecha para simular el sonido de un bombo, al tiempo que realizaba rasgueos rápidos. También se trajo una armónica que sacó en un par de canciones, los inevitables pedales… y ante todo esa voz increíble que dependiendo de la ocasión podía recordarte a Barry White, Leonard Cohen, Nick Cave o Howe Gelb.

Empezó su concierto algo frío, tocando temas como Flying, The Drive, o Razor of Love, pero pronto se vino arriba gracias al apoyo del público y a grandes canciones como Desiree, tras la cual sonaron otros temas muy destacables, tales como Signs, incluido en su primer disco, o My Little Man, una canción que escribió para su hijo cuando tenía un año. Para acabar el primer bloque de nueve temas, nos interpretó una gran versión del The River de Bruce Springsteen, tras lo cual hizo una pausa de cinco minutos.

 A las once y media volvió al escenario para interpretarnos hasta cinco temas más, los cuales fueron recibidos con gran entusiasmo por parte de los asistentes. Entre ellos, destacaron indudablemente dos de sus temas más recientes, Madman y Shine My Diamond Ring. También nos ofreció la segunda versión de la noche, que fue su espléndido Spoonful de Willie Dixon.

En definitiva, una gran noche, en la que tuvimos la suerte de ver en directo a un músico e intérprete muy interesante, de esos pocos que pueden tocar en solitario sin que eches en falta un grupo que lo acompañe. Una lástima que el concierto no gozara de la merecida repercusión.

 

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