NORDIC GIANTS

Celebrada espera

A séance of dark delusion, el primer disco de los Nordic Giants (que, a pesar de todo, son ingleses) fue uno de los más esperados de la temporada pasada y, en su momento, celebrados. No solo por el intenso, eléctrico y oscuro post-rock que habían venido ofreciendo en forma de EP los años precedentes, sino porque el dúo británico está empeñado desde sus orígenes en retomar una idea que otros (Pink Floyd, pero también Richard Wagner mucho antes) y ya intentaron llevar a cabo: la de la obra audiovisual completa, o Gesamtkunstwerk que dirían los alemanes cuando se inventaron el término, donde los elementos sonoros, visuales, teatrales e interpretativos se emplean de forma coordinada para sumergir a los asistentes en el espectáculo. Y eso es justamente lo que intentó hacer el pasado miércoles el dúo formado por Rôka (batería y guitarra) y Loki (programaciones, teclados y trompeta).

La apuesta es alta y a la llamada acudió no demasiada gente. La necesaria para dejar la madrileña sala El Sol a la mitad de su capacidad y recordarnos a todos lo difícil que sigue siendo apostar por (en-realidad-no-tan-nuevas) propuestas, aunque vengan avaladas por el sello Kscope (que, tras tres discos cortos autoproducidos, dedidió ficharlos) y la palabra de Steven Wilson, uno de sus grandes valedores.

Con más o menos gente, a las diez y media la máquina de humo se puso a funcionar a pleno rendimiento y tras la nube aparecieron dos chamanes emplumados que se pusieron al mando de los instrumentos para, desde ellos y con ellos, dirigir una sesión que si quizás no llegó al éxtasis colectivo si supo, con creces, convocar la atención de los congregados en torno a las pantallas gigantes y las luces estroboscópicas, fuego sagrado de dos creadores que no se salieron ni por un segundo de su papel.

Para que la propuesta tenga sentido y aporte algo, huelga decirlo, la música debe saber ser algo más que la banda sonora de unas imágenes que no pueden ser escogidas al azar. Nordic Giants lo consiguen casi siempre y The Last Breath, el inquietante cortometraje de David Jackson que recubren con Through a lens darkly o Lunar, la obra de ciencia ficción de Tyson Wade Johnston sobre el que superponen la canción Evolve or perish son dos buenas muestras de ello.

Los fragmentos de animación (al más puro estilo de The raven that refused to sing) se entremezclan con la distopía, los decorados post apocalípticos y las atmósferas opresivas en una maraña de programaciones electrónicas, reiterativas líneas de piano y percusiones incisivas en entregas de cuatro, cinco o seis minutos tras las que los oyentes, o los espectadores, o los participantes de esta performance audiovisual quedan, y quedaron también el pasado miércoles en la sala El Sol, exhaustos, satisfechos, sorprendidos.

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