SILVIO RODRÍGUEZ

El que tuvo, retuvo, y aún mas si cabe

DOS BANDAS SIMULTÁNEAS PARA UN SUPERCLASE

Un Palau sant Jordi a media entrada recibió, con la frialdad que comunica una sala a medio llenar, y encima con unos pasillos entre bancadas kilométricos, a un Silvio Rodríguez ya muy veterano, que trajo, tras como ocho o nueve años de no visitar Barcelona, más de ese material que siempre, lo haga como lo haga, cumple con ese mínimo de qualité que muchos cantautores no son (o no les da la gana de ser) capaces de aportar, no ya en las letras, que pueden ser cuestión de gustos, sino en la música que acompaña a éstas.

Para esta gira, Rodríguez ha planteado un concierto con una banda doble, consistente en un sorprendente combo cubano de guitarras (el Trío Trovarroco, compuesto por Rachid López -guitarra española-, César Bacaró -bajo acústico- y Maykel Elizarde -guitarra tres-) más unos músicos de jazz latino espectaculares (Oliver Valdés -batería y percusiones, mil o dos mil piezas llevaba el tío-, Jorge Reyes -contrabajo-, Emilio Vega -vibráfono- y el joven Jorge Aragón -piano-). Sobre todo ello, una muy protagonista Niurka González aplicaba flautas traveseras y clarinetes en casi todo momento.

La banda, las bandas mejor dicho, sensacionales, Oliver Valdés es un batería muy versátil, y la capacidad de virtuosismo de Rachid López, Niurka González, Jorge Aragón, y sobre todo, Maykel Elizarde con el tres ese, fueron una pasada, más teniendo en cuenta que cuando vas a ver a un cantautor se supone que no vas a esto.

El aluvión de buena música quedó, no obstante, muy deslavazado por lo bajo que se oía todo, supongo que para que el sr. Rodrígüez (perdone, la u no se pronuncia; ah, beno, pes kelgo) no forzara la voz, que está un poco mayor ya, pero eso no fue óbice, cortapisa o valladar para que el respetable entrara a saco a conectar con lo que venía del escenario: desde el minuto uno la comunión fue total, y, en cualquier caso, no hizo más que crecer a medida que avanzaba la tarde.

Un primera mitad del concierto basada en material más moderno, con temas de Amoríos (2015), su último disco inédito aún en Europa, incluyendo la suite Tetralogía de mujer con sombrero, fue calentando a la gente en lugar de enfriarla, para dar paso a algunos guiños al público con algunos temas más clásicos, pero sin meter temas de romper. Cerró el setlist inicial con Ángel para un final -previsible, con ese título-, con la audiencia en pie, completamente entregada. No fue para menos.

Salió a los bises con Ojalá, lo más aplaudido hasta el momento, seguida de Pequeña serenata diurna, composición un tyanto anodina que en su día regaló a la también cantautora Sara González, fallecida ya, y Unicornio (noticia), clásico obligado, aunque me parezca un poco bastante sobrevalorado como canción.

Hasta aquí las casi dos horas de concierto. Como de allí no se movía nadie, y la gente no paró de jalear durante casi diez minutos, y cuando ya se había ido como la tercera parte del aforo, los incondicionales se vieron (nos vimos) premiados con un bis auténtico, en la forma de Gota de rocío, sobre todo las señoras con las manos rotas de aplaudir, sensacional sólo con Rachid López a la guitarra. Silvio Rodríguez ha sido, es, y será un tío grande. Muy grande.

Setlist Silvio Rodríguez: Una canción esta noche / Tu soledad me abriga la garganta / Tonada del albedrío / Día de agua / Dibujo de mujer con sombrero (I) / Óleo de mujer con sombrero (II) / Detalle de mujer con sombrero (III) / Mujer sin sombrero (IV) / Mujeres / Tonada para dos poemas / La maza / En cuál de esos planetas / Sueño con serpientes / San Petersburgo / Quién fuera / El necio / La era está pariendo un corazón / Ángel para un final / bis: Ojalá / Pequeña serenata diurna / Unicornio / bis 2: Gota de rocío.

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