SCOFIELD MEHLDAU GUILIANA

Concierto para tres cerebros y un bulbo raquídeo

Concierto para tres cerebros y un bulbo raquídeo.

Es lo que se necesita para poder procesar un concierto de tamaña magnitud. Tres de los mejores instrumentistas de jazz en la actualidad haciendo diabluras juntos y de cuerpo entero. Un cerebro a pleno rendimiento para procesar lo que hace cada músico y un bulbo para mantener lo básico pero primordial, latidos y respiración. Eso si no te querías perder detalle, claro está.

Brad Mehldau con piano y teclado electrónico, manejando los sonidos y haciendo con él las veces de bajo en algunas ocasiones, improvisando, recreándose y controlando el ambiente cuando el resto del grupo requería más atención. John Scofield, a la guitarra y al bajo, demostrando que es capaz de hacer desde las más vertiginosas y clásicas escalas de jazz a los solos más atonales y desconcertantes pero siempre llenos de magia. Y para completar el elenco, Mark Guiliana, el batería capaz de controlar el sonido y la intensidad como nadie. Un “clinic” de lo que se puede hacer con una batería sin aturdir, sin parar de cambiar ritmos y compases, menos 4/4 creo que hizo de todo. Se marcó un único solo, ya en el bis, pero era casi innecesario, dio su recital particular desde el principio hasta el fin.

Con estos mimbres tiene que salir buen cesto, y así fue, seis temas donde presentaron su forma de hacer jazz único y moderno. Un primer tema, Wake up, de Brad Mehldau, donde pudimos comprobar que los sonidos “espaciales” del teclado y en momentos los de la batería electrónica de Mark, te pueden llevar a otras dimensiones, pasando por increíbles solos de guitarra y batería. Un segundo tema Pop ho, sencillamente genial, quizás del más melódico de todos, que empezó por ritmos funk a la guitarra, reggae a la batería, coqueteando con el blues a la guitarra y como no con el jazz.

Tercer tema, It was that it was, de nuevo vuelta a la cuarta o quinta dimensión, un paseo por sonidos y escalas que manejan con soltura, y donde destaca el dominio de la intensidad y el tempo, progresando de forma magistral y casi exagerando el estallido final para que el público se percatara que habían subido muchísimo la temperatura del tema, pero de forma tan sutil que quizás alguno no se percatara.

Cuarto tema donde la capacidad de sorpresa increíblemente se supera. Mehldau estuvo todo el tiempo haciendo una melodía corta al piano (riff en el argot guitarrista) con la mano izquierda, durante los aproximadamente quince minutos que duró el tema, mientras tocaba el piano y teclado electrónico casi sin despeinarse. A la vez, sus dos compañeros continuaban haciendo solos y ritmos endemoniados. Terminaron el concierto con un tema de Scofield, Love the most, en la línea de todo lo anterior.

Un bis, More jungle, de Scofield, con el ya comentado regalo del solo de batería puso fin a una gran actuación, que a pesar de los fallos en el amplificador de Scofield, con el subsiguiente gesto de fastidio en su cara, no se vio empañado en ningún momento, ya que tablas y virtuosismo tienen sus compañeros de sobra para cubrir la contingencia los minutos que sean hasta que esté solucionado.

Simplemente comentar que el retraso en el comienzo me pareció excesivo, más de cuarenta minutos y más de una hora de retraso en la apertura de puertas. El que fuera pensando en tomar o cenar algo en los jardines antes del concierto se vio con los planes perturbados, así como el que se pensaba volver en el metro, etc.

Y es que otro gran defecto de los españoles es la credulidad, nos dicen que un concierto empieza a una hora y nos lo creemos, nos dice un dirigente político que no va a apoyar a otro tras las elecciones y nos lo creemos y nos dicen que Solo-Rock publica solo cosas de rock y nos lo creemos. Ver para creer.

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