METALLICA – Hardwired… to self-destruct

Ya era hora de sacar un disco bueno

Ponerse a comentar tema por tema un disco de una banda tan popular como Metallica, creo que está de más. Añadido al hecho de que este grupo ha llegado al estatus ese, al que llegan poquísimos, en el que llenan estadios de gente fidelísima una vez tras otra, y publican discos que se venden a cascoporro, sorprendiéndote luego de que resulta que no le gustan a nadie… pero es que luego ocurre que el siguiente que publicas lo vendes igual. O más.

Casi prefiero repasar la trayectoria de estos tíos, a ver si alguien saca alguna conclusión del porqué del fenómeno Metallica. En lo que parece que está todo quisque de acuerdo, es en que fue la época Cliff Barton la que los colocó en el estrellato, con una rápida sucesión de un álbum sorprendente (Kill’em all, 1983), otro descomunal (Ride the lightning, 1984, seguramente su mejor trabajo) y un tercero excelente (Master of puppets, 1986), que aún mejora más si se piensa en lo alto que estaba el listón y lo bien que se mantiene. Hasta aquí todo era frescura: James Hetfield y Kirk Hammett en las guitarras daban gusto, y la batería de Lars Ulrich era un cursillo continuo. En ese momento eran con toda probabilidad la banda más influyente del planeta.

Digan lo que digan, a partir de aquí la cosa decae: la incorporación de Jason Newsted en el bajo aportó un plus de monotonía que no se había observado hasta el momento: And justice for all (1988), mirado con perspectiva, es un disco aburrido que, curiosamente, ha creado una escuela de bandas de ruido blanco que aún dura, aunque en los noventa estas bandas fueron muchas más que ahora; el álbum negro de 1991 es, para muchos, el canto del cisne de la banda, y estoy de acuerdo, al menos en que es el último disco de Metallica cercano al thrash que se pueda calificar de correcto. A partir de esto, el material que ha publicado la banda californiana, o es otra cosa, o es infumable, ¡o ambas!

Solo han publicado a partir de ahí dos discos que estén bien: Load (1996), en las antípodas del thrash, y Death magnetic (2008), que se parece un pelín demasiado al And justice for all. Por en medio de todo esto, un directo casi insoportable de largo (Live shit, 1993), una recopilación de desechos pasada vergonzosamente como material nuevo (Reload, 1997), y algunos ejercicios de hacer lo que hacen los demás, como si tuviera algún mérito ir por ahí imitando la moda sin más (S&M de 1999, lamentable y prescindible directo con orquesta, y St. Anger de 2003, tirándose prácticamente al rock de garaje, vaya un estreno infumable para Robert Trujillo). Parecía que sólo centraban sus esfuerzos en ser peseteros en lugar de músicos.

La calidad de la banda, o al menos su esfuerzo creativo, ha caído en picado desde 1993: Ulrich parece no querer aportar nada más, Hammett hace todos los solos por el camino del medio y Trujillo no es precisamente Stanley Clarke en el bajo, que digamos. Sólo Hetfield mantiene el tipo, convertido completamente en la figura que carga con todo el peso musical, tanto en la guitarra como en la voz, que se aguanta muy bien. Si esta hubiese sido la trayectoria de, pongamos, Judas Priest, hacía tiempo que estarían condenados al ostracismo.

¿Y aún así les pones buena nota?, estará preguntando el lector… pues sí. Con las ganas que tenía yo de darles caña a estos, y se descuelgan con un disco bueno. A caballo entre lo que sería el estilo del álbum negro y de Load, este doble (triple en la edición deluxe) álbum muestra algo del aroma que debería emanar de un disco de Metallica. Menos mal: temas largos, con ritmos rápidos y alguna variación de vez en cuando: Hardwired, Spit out the bone, Moth into flame, Atlas, rise!, Murder one, Dream no more… por fin se puede decir que todo está bien, porque a esta gente ya solo le faltaba dedicarse a hacer conciertos para abuelas en Las Vegas. Al tiempo.

El CD de bonus de la edición deluxe consiste en algunas versiones de directo de temas propios, otras versiones de temas ajenos y un popurrí de temas del Rising de Rainbow. Se deja escuchar. Que se noten las raíces.

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