THE ROLLING STONES – Blue & Lonesome

Un buen trabajo de blues clásico

Que los Stones publiquen disco siempre va a ser noticia, cualquiera que sea la excusa – ya saben: esos directos, sean recientes o antiguos; esas recopilaciones y reediciones con canciones inéditas… Ya se encarga de ello su fabulosa maquinaria promocional, concebida para mantener la caja siempre funcionando. Pero que a estas alturas, y después de más de diez años sin editar material realmente nuevo (salvo un par de temas poco relevantes allá por su 50 aniversario), anuncien un disco con grabaciones recientes es realmente algo reseñable. Y que además el álbum lo compongan íntegramente versiones de viejos blues hace que sea todo un acontecimiento. De hecho, es algo que muchos hubiesen deseado pero que probablemente nadie podía esperar.

Jamás habían hecho un disco entero de blues, ni siquiera en sus comienzos, aunque infinitas veces hayan recurrido a revisar los viejos temas que les metieron la música negra en la sangre, y hasta hayan creado ellos mismos varias joyas que ya son obras maestras del género. Así que, ¿por qué no hacerlo? Han debido pensar: “Vamos a sorprender con algo sencillo pero inesperado: un disco nuevo pero sin nuevas composiciones. Ya que hemos desempolvado los viejos discos de blues y nos hemos divertido repasando unos cuantos temas, y como el resultado lo tenemos grabado y suena bastante bien… ¿Qué puede fallar?”. Así, sin grandes riesgos artísticos ni económicos, y aparentemente sin premeditación, se grabó en apenas tres días en el pequeño estudio que Mark Knopfler tiene en el centro de Londres lo que ha acabado siendo este “Blue & Lonesome”. Sólo los cuatro stones con Darryl Jones al bajo y los teclados de Chuck Leavell y Matt Clifford, más un par de viejos colegas que andaban grabando también por allí como invitados especiales: Eric Clapton a la guitarra en dos canciones y Jim Keltner a la percusión en otra. No hacía falta mucho más.

A la hora de llevar adelante el proyecto y de seleccionar las doce canciones del álbum parece claro que la voz cantante la ha llevado Mick, y más que por erigirse en protagonista con las partes vocales, cosa que hace en un par de temas, por esa presencia constante de su armónica a lo largo de todos los cortes. Quizá Jagger ha querido demostrar su destreza con este instrumento (con el que, dicho sea de paso, siempre se ha manejado bastante bien) por encima de su papel como cantante. Según Richards, cuando quedaron para ensayar algunas composiciones nuevas él propuso a Ronnie vacilar un poco con la canción que da título a este disco, y Jagger entró al trapo y mordió ese anzuelo de los viejos blues, empezando a sugerir otras canciones y a buscar más temas en la onda. Quien sabe, igual para Keith ya era suficiente con divertirse tocando blues, grabando todos juntos como en los viejos tiempos, y ha dejado a Mick lucirse con tal de recuperar algo de aquella magia que había hace cincuenta años. Y desde el fondo, Charlie Watts sonríe, sorprendido pero encantado de dejarse llevar y de verse rejuvenecer junto a estos viejos zorros.

Y es que hay que reconocer que los Stones se manejan en el blues como peces en el agua. Es lo que mamaron, y es probablemente lo que mejor saben hacer. Devotos confesos del blues de Chicago, pero conocedores de todos los otros palos que abarca este vasto género (como bien demuestran en los cortes de este disco) es difícil batirles en estos pantanosos terrenos. Resulta maravilloso oírles desatados, a sus setentaypico tacos, en cortes como “Hate to see you go”, “Just like I treat you” o “I gotta go” a la vez que impresiona la intensidad que dan a temas tan calmados como la propia “Blue and lonesome”, “All of your love” o “Little rain”, por destacar sólo algunos de los momentos más memorables y singulares del disco.

El álbum es muy disfrutable, con un sonido impecable y sin fisuras. Se escucha de un tirón con gusto y se te hace corto, te deja con ganas de más. Además va ganando en sucesivas escuchas, que permiten ir fijándose en los detalles y apreciar el abanico de sonidos identificables en cada canción. En definitiva, un buen trabajo de blues clásico, un merecido y siempre bienvenido homenaje a sus raíces y sus maestros – con predilección en este caso por Little Walter, Howlin’ Wolf, Jimmy Reed o Willie Dixon, entre otros grandes.

Como ya es habitual, la obra se ofrece en diferentes formatos – desde la aséptica descarga digital a la fastuosa caja de luxe con librito y postales de la grabación, pasando por el doble vinilo de 180 gramos. En la portada del álbum aparece una gran lengua teñida para la ocasión de azul, color que prácticamente inunda la cubierta entera, sin complicarse demasiado en el diseño. El título del disco aparece en blanco, bien visible, arriba a la izquierda, y del nombre de la banda ni rastro. ¿Acaso es necesario? ¿Hay alguien que, aunque se pinten del color que sea, no conozca los famosos morros de la lengua emergente, y que no los asocie inmediatamente con ellos? Pues eso. Son los Stones, y han vuelto.

PD: Seguiremos esperando ese otro disco con composiciones nuevas que supuestamente también tienen ya preparado, pero entre tanto no es mala manera de endulzar la espera esta vuelta a las raíces, sin adornos ni experimentos. Ya sólo falta que mientras se deciden a sacar el nuevo material volviesen también a los viejos tiempos paseando su repertorio bluesero por teatros o pequeñas salas, para poder disfrutarlos de verdad, en la cercanía, y sin los múltiples inconvenientes de los grandes recintos. Porque, salvo catástrofe inminente, volverán: ya se empiezan a rumorear fechas en Europa para el próximo verano. Aunque quizá estemos pidiendo demasiado y seguramente habrá que contentarse con la enésima gira de estadios y un repertorio más convencional. Pero por pedir, y por soñar…

Escuchar en Spotify “Blue & Lonesome“

Videoclip “Hate To See You Go”

Videoclip “Ride’ Em On Down”

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