FATES WARNING – Theories of flight

Los padres del metal progresivo

Si te dedicas a hacer eso del metal progresivo, no puedes tener mejor carta de presentación que venga el ínclito Mike Portnoy y diga que lo que ‘creó’ Dream Theater ya lo hacía Fates Warning hacía años.

Pues resulta que sí. Activos ininterrumpidamente desde 1982, esta banda de Connecticut (tramperos de Connecticut?) desde sus inicios ha batallado por abrir el camino de lo que fue en su momento un nuevo sonido basado en composiciones complicadas, majestuosas y largas, con gran lucimiento instrumental, nuevo sonido que injustamente no les hará pasar a la historia como la influyente banda que han sido, por quedar a la sombra, sobre todo, de los citados Dream Theater o de Vanden Plas, por nombrar dos franquicias que sí se consideran influyentes en este campo.

Este Theories of flight, su decimocuarto álbum, el doce si descontamos los directos, es, una vez más, un dechado de virtudes interpretativas, en el que el quinteto, estable desde 2007, formado por Bobby Jarzombek (batería), Frank Aresti (guitarra), Joey Vera (bajo), Ray Alder (voz) y Jim Matheos (guitarra, único miembro fundador restante), se luce tanto como puede en estos tiempos en que continuamente has de poner toda la carne en el asador para no caerte del tren. Gracias a la continuidad de Arch en la banda (voz principal desde 1987), Fates Warning suena completamente reconocible, y la verdad es que su voz se aguanta pefectamente pasados los años.

Lo más llamativo del disco como conjunto es la variedad de ritmos que imprime Jarzombek a la banda, es lo que da a Fates Warning esa sensación de completitud, porque el resto, impecable también, no se esfuerza por alcanzar esos niveles de complicación que, por ejemplo, busca Dream Theater: el trabajo de Vera en el bajo y, sobre todo, el de Matheos y Aresti en las guitarras, va en otra dirección, primando más las melodías y la riqueza de efectos que el virtuosismo porque sí.

Así, el corte de esta música es menos clasicista y más rockero, hecho acentuado por la carencia de teclados, que hace sonar mucho más prog, por así decirlo. Los ocho temas del álbum son muy buenos, muy variados y alejados de estridencias y excesos, en torno a los 5 minutos excepto las dos suites de diez minutos, The ghosts of home y The light and shade of things, que son lo mejor del disco, o más bien lo que más te esperas del disco. Muy bien también las piezas más rápidas, White flag y Like stars our eyes have seen, todo es sensacional. Aunque no pase por ser uno de sus mejores discos, no deja de ser un disco muy bueno: From the rooftops, Seven stars, SOS… más que correcto.

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