KIEFER SUTHERLAND, SU PRESENTACIÓN ANTE EL PUBLICO MADRILEÑO

Buenas sensaciones

Su nombre no es desconocido para el gran público. Hasta ahora a Kiefer Sutherland le habíamos visto en numerosas ocasiones a través de la pequeña o de la gran pantalla participando en películas de culto y series de gran éxito. Puede presumir de haber sido Ace Merrill en ‘Cuenta conmigo’, haber dado ‘vida’ al siniestro líder de una de la banda local de una ciudad costera de California en ‘Jóvenes Ocultos’ y de ponerse en la piel de Athos en ‘Los Tres Mosqueteros’; sin olvidar su famosísimo papel de Jack Bauer en ‘24’, con el que estuvo hasta 2010.

 

Sin embargo, en Madrid, en el Teatro Barceló Sutherland iba de desprenderse de todos esos personajes para mostrar su lado más desconocido. Su faceta como músico no es tan notoria como la de actor. En el 2016 debutó con el álbum ‘Down In A Hole’, que le serviría para dar a conocer un arte que ama y en el que llevaba tiempo trabajando sin ninguna pretensión. Otra manera de contar historias y purgar demonios, que tuvo su continuación con ‘Reckless’ (‘Temerario’), el segundo álbum del artista con el que se presentaba ante el público madrileño.

 

 

RICK BRANTLEY

La velada la abría Rick Brantley, uno de esos poetas musicales del country impulsado desde el corazón del mismo Nashville, capaces de susurrar al oído melodías que marcan o, también, de llegar a ritmos algo más acelerados. Se presentó ante la sala, él solo, únicamente con su guitarra y su voz, enfrentándose a un (todavía) escaso público.

En España tenemos la mala costumbre de ir a la hora en la que toca el artista por el que pagas, lo que hace que, en ocasiones, pierdas la oportunidad de abrirte a otros igual de apetecibles o de descubrir nuevos talentos. Así las cosas, Brantley supo resolver con actitud y maestría temas como ‘Half Mile Hill’, ‘I Still Dream Of Tumbleweeds’ o ‘Hurt People’ cerrando con su ya habitual ‘Little Bit More’, consiguiendo que su pequeño pero entregado público cantase y bailase a su son. No en vano, en 2016 fue reconocido por la revista Rolling Stone como uno a de los 10 artistas nuevos de country a los que había que seguir la pista.

 

 

 

KIEFER SUTHERLAND

Tras la salida de Brantley, el escenario se vistió con una mesita de noche en la que colocaron una lámpara y una botella de whisky, y tres guitarras preparadas para la “acción”; ninguna de ellas española, a pesar de que Sutherland es un enamorado confeso de ella. A esas horas, casi 300 personas se congregaban para recibir el show de country y folk americano de la banda. Un grupo francamente heterogéneo, gran parte de ellos atraídos por las luces que destila Hollywood, entre curiosos y grandes seguidores del artista. Ataviado de un gorro y traje muy acorde con lo que iba sonar, Kiefer salía el último sacudiendo una pandereta al ritmo de ‘Run To Him’ con el golpe seco de la batería y la voz quebrada del londinense que le añade algo de rudeza y melancolía, de esa de la que aporta un buen blues. En la sala del Teatro Barceló sonaron temas casi inéditos como ‘Something you’ y ‘Reckless & Me’, antes de llegar a ‘Going Down’.  Hay que decir que, aunque Sutherland haya expresado en varias ocasiones que no le importa lo que piensen porque está haciendo lo que ama, lo cierto es que se ha rodeado de grandes músicos como Michael Gurley (guitarra), Jess Calcaterra (batería), Austin Vallejo (guitarra) y Joseph DeLeo (bajo), que se compenetran como una verdadera banda y respaldan al frontman de forma brillante. Como era de esperar, el concierto fue una amplia presentación de los nuevos cortes, pero también de las canciones que recoge su primer trabajo, ‘Can’t Stay Away’, ‘I’ll Do Anything’, ‘All She Wrote’ y ‘Down In A Hole’, con la que se despedían del público madrileño. Entre medias nos dejó con un buen ‘Honey Bee’ de Tom Petty y un gran guiño a Patty Loveless con su ‘Blame It On Your Heart’.

Tras unos segundos en camerinos, y con el público eufórico pidiendo el regreso de los músicos, volvían para encarar el final del show, sorprendiendo a los presentes con una más que correcta versión del ‘Knocking On Heavens Door’ antes de acabar por todo lo alto con ‘Agave’ e irse tal y como había llegado, como una exhalación. Aun así, muchos fans acérrimos se resistían a dejar las inmediaciones de la sala con la esperanza de verle por última vez y, quien sabe quizás, hacerse una foto.

Kiefer ha demostrado que tiene cualidades y que la música es algo más que un capricho. Ha plantado la semilla del cuarto arte con buen abono, aunque ahora el tiempo será el que determine si germina por muchos años y vuelve el tiempo de barbecho.

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