19 días y 500 noches. Sabina fin de siglo

No te lo puedes perder

Juan Puchades.
Efe Eme, Colección Elepé, 2019.

Hubo un tiempo (hace, oh, Dios mío, no tanto) en que Joaquín Sabina disfrutaba de uno de los mayores éxitos que puede alcanzar cualquier candidato a estrella inmortal de la música: la unanimidad intergeneracional. Trabajada verso a verso desde el inaugural y autofinanciado Inventario, los jóvenes de la Transición lo descubrieron con Juez y parte, se casaron con El hombre del traje gris y criaron a sus hijos en interminables viajes en coche en los que siempre sonaban Física y química, Esta boca es mía o Yo, mi, me, contigo. El tiempo (ese cabrón) siguió pasando y la adolescencia de unos y la plena madurez de otros sufriría su más fuerte sacudida sabiniana en 1999, con la publicación del que es considerado casi sin discusión -el propio autor así lo confiesa- su mejor disco: 19 días y 500 noches.

Las crónicas urbanas, canallas, esperanzadas y desesperanzadas del andaluz alcanzaron su cenit en este álbum y ahora que se cumplen veinte años de su publicación, el periodista Juan Puchades (ex-director de la revista Efe Eme, ahora reconvertida en los Cuadernos Efe Eme) se ha decidido a publicar este libro que indaga en la génesis, creación y difusión de esta obra que sin duda que marcó un antes y un después en la carrera del jienense.

La historia (atención, spoilers) comienza donde comienzan muchas de las mejores historias del rock español de los últimos cuarenta años: en el aeropuerto de Madrid-Barajas, con Ariel Rot esperando la llegada de su compatriota Alejo Stivel, gran protagonista de este disco que nos dio a conocer la verdadera voz de Sabina y pulió hasta la perfección esas trece canciones que le concedieron la inmortalidad.

Durante casi doscientas cincuenta páginas (que, tranquilo todo el mundo, se beben como agua gracias a la innegable capacidad de Puchades para combinar ágilmente datos, anécdotas y declaraciones) el autor desgrana hasta el más mínimo detalle de aquella grabación histórica en la que la nota triste la ponen unos Varona y De Diego que después de haber dado al cantautor media vida y una montaña de buenas canciones vieron cómo su obra magna tomó forma sin ellos.

No resulta creíble que el cantautor, ya asentado en la primera división de al menos tres países, se jugara nada con aquel disco, como se afirma en el capítulo cinco, pero lo cierto es que con 19 días y 500 noches consiguió entrar definitivamente en el Olimpo de la música popular, y aunque quizás a Sabina le haya pasado desde entonces lo mismo que al adjetivo canalla, con el que siempre se le asoció, un disco como aquel se merecía un libro como este. Los muy fans lo disfrutarán.

 

Víctor Martín Iglesias 

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