ARA MALIKIAN

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Un simple violín puede mover el mundo
Texto y fotos: Javi G. Espinosa
6 Octubre 2019, WiZink Center (Madrid)

Ara Malikian ha conseguido algo bastante complicado, que es popularizar un instrumento como el violín, generalmente asociado a la música «culta» o más «seria», cuando en realidad es un instrumento básicamente popular, usado en diversas culturas desde hace siglos para animar fiestas, celebraciones y reuniones familiares. Incluso hay géneros musicales como el folk o el country donde a menudo tiene una presencia importante, pero en el actual mundo del pop y el rock su visibilidad es escasa, si no anecdótica o casi testimonial. Y aquí es donde Malikian ha apostado y ha ganado, consiguiendo despertar el interés, y hasta el entusiasmo, por el violín y su sonido entre pijos y jevis, entre niños y viejos, entre el pueblo más llano y las más altas esferas (de hecho, a este recital acudió la mismísima Familia Real, sentados en pista entre el resto del público).

Uniendo su dominio del instrumento a su capacidad para atraer la atención del público contando historias que ponen al oyente en situación antes de cada pieza musical, siempre con la naturalidad y el sentido del humor como principales bazas, este artista se ha convertido en todo un fenómeno mundial que despierta pasiones allá donde va. A medio camino entre el músico de feria ambulante y la estrella de rock que llena estadios, este artista de origen armenio ha revitalizado el sonido del violín y lo ha puesto en el lugar de honor que merece.

Pero las cosas no siempre fueron tan fáciles para él, como cuenta precisamente en este espectáculo con el que está presentando su último trabajo, «Royal Garage«, un disco en el que repasa precisamente esos tiempos difíciles tocando en garages y lugares similares durante su aprendizaje y desarrollo como músico, y como persona. De los sótanos del Beirut donde se crió hasta los tugurios de las capitales europeas donde fue recalando, pasando por tocar en bodas judías o en los lugares y eventos más dispares. Todo eso que le ha llevado hasta donde está ahora. Y muy agradecido por haber llegado hasta aquí ya que, como él mismo se encargó de recalcar, ha sido un privilegiado al poder aprender y trabajar en tantos lugares y circunstancias, y haber alcanzado la posición que ahora tiene, ya que otros muchos no han tenido esa suerte en su forzado exilio. Porque este último disco también es de forma implícita un homenaje a todos los emigrantes y refugiados, a quienes tienen que abandonar su patria y comenzar una nueva vida lejos de su hogar, sin la certeza de que esa vida vaya a ser mejor – y a veces, ni siquiera de que vayan a tener una vida.

Un gesto que le honra, aprovechar su actual situación de privilegio para recordarnos que no todo el mundo tiene nuestra suerte, y que a lo mejor podemos hacer algo por cambiar eso. Pero lejos de dramatismos y circunspecciones, la propuesta escénica de Ara Malikian es totalmente festiva y alegre, con una banda de lujo respaldándole y acompañándole en sus frenéticas evoluciones por el escenario. Su espectáculo es muy visual, de un dinamismo absoluto, algo que contribuye sobremanera a enganchar a la audiencia, con ritmos cambiantes y guiños a los más diversos palos musicales, desde composiciones propias con aires orientales o balcánicos hasta revisiones de Led Zeppelin, Guns’N Roses, Radiohead o Björk, pasando por las populares jotas (recordemos que Malikian es maño de adopción) o por piezas sinfónicas y orquestales. Todo vale si esa música a él le toca la fibra y es capaz de transmitir eso mismo al oyente.

Sólo con haber abierto las miras de mucha gente y con servir de estímulo para que algunos chavales – y no tan chavales – se hayan decidido a coger un violín, o cualquier otro instrumento, y a interesarse por aprender a tocar, por acercarse a la música, su labor ya habrá merecido la pena. Y si además es capaz de abrir las mentes, más allá de lo puramente musical, entonces el esfuerzo, por grande que sea, habrá sido totalmente justificado. Sin duda. Y es que Ara Malikian nos demuestra que con un simple violín también se pueden cambiar muchas cosas.

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