LONDON CALLING 40 ANIVERSARIO

Magnífico homenaje a un magnífico disco

Redactor: Chema Pérez

Sala El Sol (Madrid) 18-12-2019

El 79 fue un año donde se hicieron grandes discos, un año de consolidación para muchos grupos que empezaron en los 70. One Step Beyond (Madness), 5 (J.J.Cale,), Comuniqué (Dire Straits), Platinum (Mike Olfield), Breakfast in America (Supertamp), y en el panorama punk rock destaca uno que está considerado de los mejores en su año, en su década y en la historia del rock, London Calling de The Clash.

En Londres han hecho una exposición con objetos míticos del grupo, han salido ediciones especiales en casete, cd, vinilo, libros, fotos etc. En Madrid, un grupo de “valientes” músicos se propusieron hacer su homenaje particular y se prepararon concienzudamente para dicho evento. El resultado, un homenaje que sorprendió a todos los presentes y que superó las expectativas del más escéptico.

Charly Bastard (The R3plicAnts) – Voz y guitarra, Ruly (Sidecars) – Batería, Lea Aput (Kuve, Amatria) – Guitarra, Gerbass (Sidecars) – Bajo, Sergio Valdehita (Sidecars) – Teclado, Iván del Castillo (Muchachito, El Langui) – Trompeta, Ernesto Millán (Lisa & The Lips, Love of Lesbian) – Saxo, fueron esos valientes. Y digo valientes porque este tipo de eventos es seguido y observado con lupa por los fieles seguidores, en esta ocasión de The Clash y que llenaron la Sala El Sol, ignorando el derby, la lluvia y las cenas de empresa.

Cuando vas a ver este tipo de homenajes lo único que conoces de entrada es el repertorio, pero siempre te queda la duda de como lo van a interpretar. Desde los primeros compases del London Calling ya se notaba que el sonido era muy bueno y que los instrumentos sonaban clavaditos a la grabación del mítico disco. Los acoples de la guitarra en el tema, en el momento exacto y de la forma exacta, ya hacían presagiar que se lo habían tomado muy en serio y que estábamos viendo algo digno de recordar.

Quedaba también por examinar la voz, y Charly Bastard tuvo la inteligencia de dejarse de intentar imitar la desgarrada y peculiar voz de Joe Strummer, y ser él mismo. Tras unos pocos temas, poco a poco, te ibas olvidando de la voz original y Charly te iba llevando a su terreno, haciendo suyo el disco y el concierto. Animando a la gente sin resultar cansino, y agradeciendo sin parar la presencia del público en un día a priori difícil para cualquier concierto. Muy bien cantadas todas las canciones, le iban mejor donde la voz era más aguda y la más complicada de todas, The Card Cheat, la hizo a la perfección.

Un concierto donde se pudo disfrutar de las dos guitarras mucho mejor que escuchándolas en el disco y de paso viendo la cantidad de matices que hacía Jones con la guitarra solista a pesar de no ser un virtuoso ni ser un gran guitarrista. A veces todo no consiste en hacer trinos y mover los dedos a match 3, y este disco es un ejemplo de eso, de como jugar con dos guitarras sin complicarse mucho la vida y transmitir sensaciones.

La batería y los teclados un calco del disco. El tempo exacto, imagino que llevaría medidor de tiempos, porque sino, lo de Ruly es para hacérselo mirar en algún laboratorio cronométrico. Y solamente quedaba examinar a la sección de vientos. Ya os podéis imaginar que también lo calcaron, es más, desprendieron una exclamación en su primera aparición con Jimmy Jazz.

Las primeras filas entregadas sin parar de cantar, fueron contagiando al resto, que se fue animando al karaoke improvisado con Guns of Brixton. Por cierto, no he mencionado a Gerbass, pero como el resto del grupo, no puede ponérsele ningún pero. Y en la primera canción de la cara A del segundo disco llegó el momento de explosión. Nadie se pudo resistir al Wrong’Em Boyo, los metales daban el punto extra de este maravilloso ska y el segundo disco ya rodó y sonó como la seda.

Una pena cada tema terminado, era como si perdieras algo, lo habías disfrutado pero a la vez pero quizás no lo vuelvas a escuchar en directo nunca más, al menos con esa calidad de interpretación y sonido. Deseabas que llegara el siguiente pero a la vez eras consciente de que 19 temas, que duran una hora escasa, sabían a poco.

Enlazaron igual que en el disco los tres últimos temas, sin pausas, y lamentablemente sonaron los acordes del tema “oculto” en el disco, Train in Vain. Era el fin, la agradable sorpresa se terminaba y con The Clash sonando en la Sala, tras ovacionar a los músicos la gente subía las escaleras coreando aún alguno de los temas.

Pocas licencias se tomaron los músicos, quizás la necesaria labor de terminar los temas que en el disco The Clash terminan con bajada de volumen, pero incluso eso hicieron bien.

Charly no nos des las gracias por haber ido. Las gracias os las debemos dar nosotros por hacernos disfrutar de este homenaje, tan bien preparado, trabajado, interpretado y sentido. Os esperamos en el 45 aniversario y en el 50, al menos.

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