LAGARTIJA NICK

Desgarrador alegato clamando contra guerras y odios
Texto y fotos: Javi G. Espinosa
1 Febrero 2020, Joy Eslava (Madrid)

Un inquietante latido repetido en bucle como un mantra nos recibe al entrar. A medida que se acerca el comienzo el latido empieza a hacerse más urgente y opresor, hiriente y consciente, para meternos en la angustia que surca los pliegues de esta obra. Porque “Los cielos cabizbajos” no es simplemente un disco, es una obra que trasciende lo puramente musical para adentrarse en los terrenos de las emociones humanas más profundas, las que marcan la existencia. Aunque, efectivamente, sea el último álbum que han publicado los granaínos, esta grabación no es una más: es una de esas piedras angulares que establecen hitos y rompen con moldes. Titánicas tareas que el corazón te dicta y que no tienes más remedio que emprender. Aunque duelan.

No tiene que haber sido fácil para Antonio Arias recopilar el legado de su hermano Jesús y darle la vida que él no pudo llegar a darle. Un legado del que ésta es sólo una pequeña parte, una página sin terminar que ahora ha sido completada. Nunca es fácil la búsqueda de la belleza, y menos aún cuando para encontrarla hay que rebuscar entre la agonía y el dolor, tanto propio como ajeno, personal y colectivo. Pero Lagartija Nick no sólo lo han conseguido en el disco, sino que se han empeñado en trasladar esas desoladoras estampas sonoras a los escenarios con la mayor fidelidad, acompañándose en algunas presentaciones por un coro y un conjunto de vientos y metales. El escalofriante resultado no es apto para cualquier sensibilidad, y no son estos conciertos fiestas para bailar y divertirse, más bien son ceremonias para la reflexión y la introspección, para abrir bien los ojos y las mentes.

Canciones profundas como abismos, como almas azotadas por esas crueles y odiosas guerras que asolan y avergüenzan a la humanidad, y que siempre se ceban con los más débiles e inocentes. Cantos desgarrados, que vienen del pasado y del presente y que deberían poder evitarse en el futuro. Sobrecogedores momentos desde el comienzo, con el coro casi a oscuras, y una vez ya con todos los músicos en escena la calma se fue agitando, pasando de los momentos de paz casi absoluta a estallar en momentos eléctricos de rabia y dolor. Una oda al desasosiego y a la zozobra, esas que tantas personas, seres humanos como cualquiera de nosotros, ha sufrido y sigue sufriendo por las inagotables ansias de poder y el odio de unos pocos.

Los arreglos orquestales funcionaron a la perfección y encajaron limpiamente con el sonido de las guitarras y la batería, mezclándose con las voces en una sinfonía urgente y necesaria. Un réquiem donde sólo sonaron las canciones de este proyecto, con algunas alteraciones en el orden respecto al disco y con el añadido de “Dresden“, tema que no llegó a incluirse en la grabación pero que también forma parte de estos cielos cabizbajos y llenos de nubarrones que pueblan los corazones de tanta gente maltratada injusta e innecesariamente. Se permitieron volver al escenario para hacer, como agradecimiento al público, solamente un tema ajeno a su última obra, pero muy emparentado con ella: una canción de su anterior disco dedicada también a Jesús por sus hermanos, ya que al fin y al cabo es lo que era para todos ellos: un apoyo y una inspiración vital constante y perenne, que nunca desaparecerá.

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