ARIEL ROT Y KIKO VENENO

Un país para escucharlo

Teatro Circo Price – Inverfest 2022

04-Febrero-2022

Redacción: Javi G. Espinosa

Fotografías: Chema Pérez

Quién iba a decirles hace 40 años a Kiko y a Ariel que un día acabarían haciendo una gira juntos… Poco parecían tener por entonces en común aquel hippie andaluz de Figueras que se hizo amigo de los flamencos y el joven guitarrista argentino de chulesca pose rockera. Pero la vida es así de caprichosa, y a fuerza de ir y venir, al cabo de los años los caminos se acaban cruzando.

«Un país para escucharlo» ha sido un reconfortante programa de televisión que con la idea de recorrer España y sus músicas ha supuesto un oasis sonoro en cuanto a música en directo en la tele, con momentos únicos e inolvidables, y al final ha devenido en este nuevo proyecto donde en vez de grabar y emitir capítulo televisivos se organizan conciertos con público en directo, manteniendo la costumbre de contar con invitados en cada parada, y sorpresas en cada ciudad.

El primer acto de este viaje musical fue a comienzos de año en el Actual de Logroño, y la segunda función la íbamos a disfrutar en el Inverfest madrileño, con el aforo del Price agotado desde días antes de la cita. Si habitualmente tanto Kiko como Ariel ya arrastran una buena cantidad de público por sí solos, la excepcional ocasión de poder verles juntos y bien acompañados con un repertorio especial ha disparado la expectación, sobre todo después de las buenas impresiones y comentarios tras el comienzo de gira.

Juntos salieron a escena, recibiendo de la mano la primera de muchas ovaciones compartidas, y con Memphis Blues, que aunque sea una versión, ya es casi más de Kiko que de Dylan, arrancaron el recital. En estos tiempos de alternancia y paridad, parecía evidente que irían sonando los temas de uno y de otro a modo de cremallera, aunque al final tampoco fuera exactamente así, pero más o menos esa fue la tónica. El segundo tema por tanto debía ser de Ariel, y así fue: la Dulce condena de Los Rodríguez desató los primeros coros masivos entre el público, y los primeros solos de guitarra del señor Rot. Siguió la cosa con Los delincuentes, tema del legendario primer disco de Veneno, que nos dejó un brillante duelo de guitarras entre la eléctrica de Ariel y la acústica de Diego Pozo, «El Ratón», precisamente un ex-Delinqüentes y actualmente miembro de la banda de Kiko. La concurrencia empezaba a venirse arriba acompañando con palmas el jaleo del escenario. El primer bloque del concierto se cerraba con otra canción medio propia, medio ajena, en este caso Bruma en la Castellana, con letra de Moris y música de Ariel.

Llegaba el momento de ir presentando a los invitados, y el primero en salir a la palestra fue Coque Malla, que ya les acompañó en Logroño. Empezaron con Joselito, el de la voz de oro, y siguieron con Me estás atrapando otra vez, para dar paso a un tema de Coque, en su faceta más íntima y melódica: Berlín sonó brillante en medio de un respetuoso silencio rematado con una sentida ovación. Se cerraba la intervención del madrileño volviendo a retomar el ambiente de fiesta con el Baile de ilusiones.

Se fue Coque y subió a las tablas Christina Rosenvinge, que realmente nos sorprendió – como apostaba Kiko al presentarla – haciendo un tema que en alguna ocasión ella ya ha cantado en solitario, pero que nadie podía esperar que sonase en esta velada. La gata bajo la lluvia de Rocío Dúrcal probablemente fue el momento más sorprendente de toda la noche. Y acertada fue también la elección de Lobo López para que Christina diera la réplica femenina a Kiko. Con el ya lejano Tú por mí, que supuso el comienzo de su carrera en solitario acompañada por Los Subterráneos, puso fin a su intervención, dando paso al tercer y último invitado especial de la noche.

Tras una espectacular presentación a cargo de Kiko, Tomasito apareció como un torrente, como es él, liando un jaleo mano a mano con su compadre El Ratón al compás de aquel Torrotrón de sus comienzos, con Kiko, Ariel y el resto de la banda limitándose a dar palmas y disfrutando del espectáculo con una sonrisa de oreja a oreja. Todos ya juntos siguieron la juerga flamenca con Oh Mare, una de las favoritas de Tomás para despendolarse por el escenario. Volando vino y volando se fue, aunque asomaría alguna vez más por las tablas antes del final. Un par de temas fueron suficientes para liarla, ¿pa qué más, verdad, Tomás? Lo breve, si bueno, dos veces bueno. O como se diga…

Por unos momentos Ariel también abandonó el escenario para dejar a Kiko solo con la banda, en una interpretación de Hambre que la convirtió casi en una saeta, bajo unas imponentes luces rojas que inundaban la escena. Se marcharon entonces los músicos de la banda para dejar solos a Kiko y Ariel con sus guitarras, acometiendo dos temas íntimos y casi desnudos: primero Bar Soledad del argentino y después Obvio, encarando ya la recta final del espectáculo.

Ya con banda de nuevo, se alternaron y sucedieron grandes éxitos de uno y de otro: un lujo poder disfrutar en vivo de En un Mercedes blanco, Milonga del marinero y el capitán o Echo de menos, seguidas y de la mano de sus creadores. Una breve retirada para coger impulso y reunir a todos los músicos sobre las tablas, con un doble bis que arrancó a la gente sus asientos. Imposible permanecer sentados con todo el elenco haciendo el ¡Salta! de Tequila («si no hacíamos «¡Salta!», Kiko no hacía la gira» aseguraba Ariel), ni con la inevitable Volando voy, que puso un magnífico broche a una velada singular y muy especial.

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