CROWDED HOUSE

Neil Finn conserva su magia
Real Jardín Botánico de Alfonso XIII, Madrid 3 Julio 2022
Texto: Oscar Chaves
Fotos: Víctor Moreno (Noches del Botánico)

Al caer la tarde de la víspera del Día de la Independencia estadounidense, el pasado domingo 3 de julio, nos acercamos emocionados al Jardín Botánico de Alfonso XIII, en la Ciudad Universitaria de Madrid, para asistir a la despedida de la gira europea de Crowded House. La primera grata sorpresa con que nos recibieron los neozelandeses —tanto al público como a la propia organización, como pudimos constatar— marcó el tono familiar de la velada: un concierto inesperado de Liam Finn, quien, asistido en todo momento por sus dos retoños, sirvió a golpe desnudo de guitarra y voz sus temas propios como un delicioso aperitivo del plato fuerte que estaba por venir, ante un público que poco a poco iba abarrotando el recinto.

Con puntualidad y estilo casi británicos, salieron a escena Neil Finn, padre del telonero, y su banda, quizá la más emblemática del pop alternativo surgida en nuestras antípodas. Desde los primeros compases de Distant Sun, con la que abrieron repertorio, fueron patentes la cuidada mezcla de sonido y la perfecta sincronía entre los miembros. La complicidad de décadas entre el frontman y el bajista Nick Seymour —que lucía orgulloso un traje negro de chaqueta y kilt— se unía a una alegría generalizada que no hizo más que crecer en las dos horas largas en las que fueron saltando de un hit a otro. Lejos han quedado ya las disputas que en otro tiempo tuvieron lugar en el seno del grupo y la compañía de sus dos hijos —el mencionado Liam a la guitarra y Elroy a la batería, ambos también coristas— puede que haya contribuido a generar esa armonía tan visible. El público, inicialmente acobardado quién sabe si por la perspectiva del madrugón del día siguiente, no tardó en embeberse del ambiente y, a la altura del quinto corte —la nostálgica Fall At Your Feet—, se mostraba ya completamente entregado.

Crowded House siempre se han caracterizado por practicar un pop alejado de estereotipos y, al mismo tiempo, lleno de ganchos, desde el comienzo de su carrera —de entonces sonaron World Where You Live o When You Come— a los tiempos más recientes —To The Island, Playing With Fire—. Pero si hay un rasgo que define su música es el exquisito gusto con el que están construidas sus canciones, patente en las deliciosas armonías vocales, las melodías pegajosas como la miel y la cuidada instrumentación. Es quizá en los temas lentos, con generosos añadidos instrumentales en directo, donde esa maestría y ese gusto por la vuelta de tuerca —el solo de guitarra de Nails In My Feet, un buen ejemplo— aportan un salto cualitativo entre su música y la más habitual de la radiofórmula. Asistimos a crescendos emocionales como los de Private Universe y su desembocadura en el sonido beatleiano de Four Seasons In One Day dieron paso al swing de Sister Madly, con la banda al completo en formación en la línea de proscenio.

El taumaturgo Neil Finn consiguió dirigir la atención de la concurrencia hacia detalles como un árbol hermosamente iluminado al costado del escenario o la luna creciente que iluminaba desde el cielo, mientras iba introduciendo los acordes del tema más emblemático de The 5th Dimension, y, acto seguido, todos nos encontrábamos cantando aquel “this is the dawning of the age of Aquarius” a voz en cuello. Cumplidos ya los compromisos con la novedad del repertorio, los éxitos más deseados fueron cayendo uno detrás de otro: Locked Out, Don’t Dream It’s Over y, como no podía ser de otro modo, temazos del mítico álbum Woodface —que ocupó, recordemos, el número 80 en la enciclopedia de 1000 títulos de Colin Larkin—, como Weather With You o la crítica feroz al turbocapitalismo estadounidense de Chocolate Cake, que estuvieron entre los más coreados.

Como se encargó Neil Finn de recordar, el mundo no ha parado de irse «a la mierda» desde el día en que Bowie nos dejó. Muestra del enorme hueco que el inglés ha dejado en el corazón de la música popular fueron las tres versiones, alguna visiblemente improvisada, de Golden Years, Heroes —con la guitarra de Liam pagando un honroso tributo a Robert Fripp— y Quicksand, encabalgadas con un clásico de Split Endz. Así comenzó el principio del fin del show, cuyo broche de oro lo puso Better Be Home Soon, dejándonos a todos los asistentes satisfechos pero deseosos de una próxima cita con Crowded House y sus canciones pues, en palabras del gran Fernando Neira, son “lo más cerca que se ha quedado la especie humana de igualar a McCartney”. Una vez más, gracias a la organización de las Noches del Botánico por ofrecernos un espectáculo de la mayor calidad; con toda seguridad, repetiremos muy pronto.

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