GBH+DEAF DEVILS+MATARTE SERIA POCO

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Tres formas de concebir el punk

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Noche punk variada y de nivel la que se vivió en el Gruta 77 dentro de la gira europea de los GBH.

La excusa para la mayoría de la gente que llenó la sala agotando las entradas eran los GBH pero también había muchas ganas de ver a una banda como Deaf Devils que está creciendo a pasos agigantados. Y no desmerecieron Matarte sería poco que se unió a la fiesta empezando las tres horas y pico de conciertos rápidos e intensos. 

Matarte sería poco llevan cinco años haciendo temas propios y de extraños. Son un vendaval capaz de hacer veinticuatro canciones en treinta minutos, llevar invitados especiales y descargar una cantidad ingente de proclamas en las letras de tal forma que si parpadeas te los pierdes. Con Sebas Parawallo al bajo y voz, el cual también es bajista en grupos como TDK o Chula, acompañado de Pedro a la guitarra y Malcom 3.0 a la batería. Por si esto fuera poco, se suben al Monje de Larsen a cantar eso de Vomito sangre entre otras canciones, haciendo versiones de La UVI, Parálisis permanente o los mismísimos GBH. Actitud punk, canciones a toda pastilla y si te he visto no me acuerdo. Bueno si me acuerdo, aunque el nombre del grupo se olvida con la tercera cerveza. Las cosas como son.

Deaf Devils es una banda de Valencia a la cual le han puesto muchas etiquetas relacionadas con el punk y el rock. Está formada por Lucyfer (voz), Pipe (guitarra), Kuba (bajo) y Erik Von (batería), y tienen tablas y formas en el escenario que ya quisieran muchos.

Con su look de Drugos, como hicieron en su día los Adicts (que por cierto se retiran ya), pero amenizado por una cantante, Lucyfer, que se lleva casi toda la atención debido a su actitud en el escenario, sin desmerecer a los demás, que suben y bajan entre el público, se pasan por debajo de las piernas, tocan de espaldas, rodillas, tumbados, sin perder ni un momento un ritmo frenético y con solos de guitarra trabajados.

El cambio de vestuario de Lucyfer con malla de terciopelo, gorra de cuero y actitud más agresiva, dio una vuelta de tuerca más a un concierto que subía las revoluciones del público por momentos.

Culminando con bajada de todo el grupo a tocar entre el público, con batería incluida, algunos subiendo a bailar en el escenario y  Pipe con su look mezcla de Harpo, Alex de Large de la naranja mecánica y Olga de Toy Dolls quemando el set list como buenos valencianos que son.

Desde luego que hay momentos que suceden en el Gruta 77 que quedan para el recuerdo. Banda a seguir y que podría perfectamente empezar a liderar carteles y festivales de punk rock.

Y cerrando la noche, una vez más los GBH en el Gruta 77. La última vez les vimos en el Mad Punk hace siete años, en la sala But, junto a muchos más grupos, con mejor color, mejor sonido y mejor calidad…, pero algo tiene esta sala para este tipo de conciertos que hace que a pesar de estar un tanto embutidos, se disfrute más. Sonaron muy bien, he hicieron lo que llevan casi cincuenta años haciendo, un punk complicado de hacer, porque aunque son un poco menos ruidosos que sus colegas Discharge o Exploited, GBH ha cuidado siempre un poco más la parte musical de solos, guitarras más precisas y sobre todo y a destacar la energía de su batería que es una auténtica salvajada. Sin duda la voz y actitud de Colin Abrahall que a sus sesenta y cuatro años aún mantiene la rabia en su voz y su pelo de punta hacen que el espíritu punk del grupo permanezca. 

Mas de veinte temas como veinte trayazos, incluyendo Sick Boy, las Citys Babies, No survivors, Knife Edge o Time Bomb, hicieron vibrar al compactado públcio, y aún echando de menos Big Women y Race against Time, fue una noche más que provechosa, pero bueno a la siguiente será. Porque estos tienen que volver.

 

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