BALI R’N’R FEST 2026
Gran Hotel Bali, Benidorm 17/19 abril 2026
Texto y fotos: Javi G. Espinosa
Un año más, pusimos rumbo a Benidorm para asistir al Bali RNR Fest, con un espectacular cartel, como de costumbre, alternando bandas jóvenes con otras que cuentan con décadas de carrera a sus espaldas.






Desde el viernes a primera hora de la tarde ya se veía un ambiente festivo y relajado, entre saludos y reencuentros, porque aquí al final quien viene repite y acaba formando parte de una gran familia. Nos recibieron los Dirty Payos, a ritmo de buen humor, sobre todo, ya que se dedicaron a dar la vuelta a clásicos de las más diversas procedencias, provocando sorpresas y sonrisas a partes iguales. Un estupendo aperitivo de bienvenida.






Enseguida llegó la hora de ponerse un poco más serios, o al menos, más contundentes, porque el escenario principal arrancó con el demoledor sonido de Hard and Cheap, que pusieron a prueba la resistencia de las tablas, los micros y los altavoces. Si aguantaron esa primera embestida, no había nada que temer. Prueba superada.






Un poco más tranquila era la apuesta de Los Montoya, al menos en cuanto a decibelios, pero igualmente disfrutable. Mucho ritmo tanto arriba como abajo del escenario, con tres músicos apostando por el rocanrol como diversión y el público bailándoselo todo. Una guitarra, un contrabajo y una batería son suficientes para levantar el animo del personal, no hace falta más. Similar era la apuesta de Mad Martin Trio, pero en algún momento había que reponer fuerzas, así que en esta ocasión nos los perdimos. A la próxima será.



Las Furias volvieron a subir las revoluciones y la intensidad sonora, con un derroche de actitud y de energía. Una de las muchas bandas potentes que en esta edición han venido desde el norte al levante para agitar cabezas y cuerpos. Y en formato de trio también, aunque en este caso con una poderosa representación femenina al frente del escenario.






Y casi sin darnos cuenta llegamos a uno de los platos fuertes del festival: Muck and The Mires, una estupenda banda norteamericana a la que ya conocemos bien por aquí y que sabemos que nunca defraudan. Imparables desde que salieron hasta que se despidieron, su concierto queda entre los grandes momentos del fin de semana.









A Claudio Corazón ya le vimos el año pasado cantando algún tema como invitado, y este año venía con su propia banda, Verano Muerto, representando el punk de vieja escuela y demostrando que el espíritu rebelde sigue muy vivo por estas tierras alicantinas. Viscerales y directos, su contundente descarga fue toda una declaración de intenciones y principios.






Aquí se para lo justo entre banda y banda, pero entre idas y venidas al baño y a fumar vas saludando por el camino a viejas y nuevas caras, porque como decimos esto es al final un rollo casi familiar, donde si aún no te conoces es muy fácil acabar haciendo amistades. Además, hay numerosos músicos entre el público y algunos acaban subiendo invitados a escena por otros, mientras otros aparecen tocando con más de una banda durante el fin de semana. Basta cambiar unas camisas floreadas por un maquillaje sangriento, por ejemplo, y tienes a Siete Muertes cerrando la primera jornada con su rock de ultratumba.









El sábado había una larga lista de nombres para no perderse, pero no llegamos a tiempo del aperitivo con Los Dirtys, y entre unas cosas y otras la sobremesa se nos extendió y nos perdimos también a Los Cids, de los que todo el mundo salió hablando maravillas. Lástima, prometemos seguirles la pista y disfrutar con ellos en cuanto sea posible. Sí llegamos a tiempo de ver el final de la actuación de Frankie Suz, a quien ya hemos disfrutado en otras ocasiones – sin ir más lejos, en este mismo escenario hace un año, cerrando el festival.






Desde Burgos venían The Fuzzy for Her, y para que no hubiera dudas de su procedencia nos invitaron a unos deliciosos pinchos de morcilla. Detalles gastronómicos aparte, su propuesta aportó un punto de psicodelia, con protagonismo del órgano y, sobre todo, de un cantante realmente inquieto que hizo constantes incursiones entre el público, animando a una concurrencia aun no muy numerosa que respondió con entusiasmo. Otro gran descubrimiento de este festival.












Los siguientes en la lista eran Los Pólipos, otro power trio explosivo, comandado por una tremenda power girl como es María, mientras los dos Ivanes echan leña a la sección rítmica. Empezaron haciendo incursiones entre el público y acabaron con la gente de las primeras filas subiéndoseles al escenario. También invitaron a cantar con ellos primero a Claudio, con quien ya habíamos disfrutado la noche anterior, y luego a Natalio, con quien disfrutaríamos justo a continuación al frente de Holy Sheep. Un concierto tremendo, y una locura muy divertida.









La banda leonesa desapareció de la escena durante largo tiempo, pero han vuelto con las mismas ganas, igual de potentes y de incendiarios. Se empeñaron en que la gente bailase, cantase y brincase con ellos, y claro, si en la anterior actuación la invasión del escenario fue algo tímida, aquí ya no hubo reparos en sumarse a la fiesta sobre las tablas, público y músicos en cordial hermandad y desparramada armonía, o lo que fuera aquello.





















Otro musico de la terreta sería el siguiente en salir a escena con su banda: Robert Perdut es un estupendo frontman que lleva detrás una maquinaria muy bien engrasada, con ese saxo que nos hacía recordar el sonido en directo de gente como el mismísimo Iggy Pop. Palabras mayores, y si a eso le sumamos las personales composiciones de Robert, sus canciones se elevan a un nivel que les hacen dignos de figurar en la primera división del rock nacional. Otro momento para enmarcar.



Pero todavía quedaban nombres muy esperados en el cartel: The Rezillos eran probablemente de los que más expectación habían despertado, ya que venían a celebrar su medio siglo de carrera, y su concierto fue el que reunió a más gente, algo normal siendo una de las cuatro únicas citas para verles en esta gira por nuestro país. Dieron un fantástico repaso a esas cinco décadas sobre los escenarios, dejando satisfechos a todos los presentes, desde los incondicionales que se saben todo su repertorio hasta los despistados que se sorprendían de que tocasen una versión de Siniestro Total. Nunca es tarde para descubrir cuántas canciones nos colaron como propias los vigueses desde sus comienzos.















Otra banda muy esperada era Capsula, por supuesto. La reputación de estos argentinos de Bilbao se extiende a nivel planetario, y era también un lujo contar con ellos en esta modesta pero exclusiva cita, donde solo unos cientos de personas disfrutamos en la cercanía de todos estos enormes artistas. Con un repertorio abrumador del que tirar, Capsula nunca fallan, provocando el delirio con sus intensos paseos sonoros por paisajes alucinantes, alternando y repartiendo el protagonismo vocal y escénico entre Martín y Coni, el alma bicéfala de esta imprescindible apisonadora sónica. A sus pies, siempre.


















Poco más nos quedaba por ver, o eso creíamos, porque las dos bandas que quedaban no iban a conformarse con llenar su hueco y adiós. Qué va. La Secta venían con su lección magistral bien preparada y nos la iban a soltar de frente y sin contemplaciones. Con esa cercanía que hay aquí, sin vallas ni fosos por medio, la tendencia de los músicos a bajarse del escenario es lógica y comprensible, casi hasta inevitable en algunos casos, sobre todo en este ambiente de igualdad y hermandad. Varias fueron las incursiones del cantante, que acabó surfeando por las primeras filas en un trance colectivo. Otra barbaridad.


















Y ya puestos a barbarizar, nadie mejor que Nevadah. Siendo los últimos, ya nadie podía darles la replica, así que se dedicaron a rizar el rizo y hacer lo que nadie había hecho aun. Musicalmente demostraron ser otra apisonadora, como la mayoría de las bandas que les habían precedido, pero además buscaron la manera de poner todo patas arriba como traca final, subiendo al escenario hasta una mesa de la zona reservada junto al escenario, con su elegante mantel, para cantar encima, debajo y alrededor de ella, entre otras locuras dignas del Quijote en sus más flipantes andanzas. Otra banda a seguir y a tener en cuenta.









Y nada, que al final todo se acaba. Aunque después de los conciertos la fiesta seguía en la sala contigua con buena música hasta el amanecer. Y este año, después de varios con tiempo nublado y medio lluvioso, por fin pudimos comprobar lo bonita que es la salida del sol desde la terraza de la piscina del Hotel Bali. Y la vista espectacular desde la habitación al irnos a acostar. No se puede pedir más.
Bueno, sí: que el año que viene podamos repetir, y que la ocasión sea, si cabe, aun más especial, ya que Fernando (a quien agradecemos que organice este evento tan único y especial, y que nos acoja siempre como en casa, atento a todos los detalles) celebra los 40 años de Metallicko Leathers y seguro que nos prepara un cartel digno de semejante celebracion. Por muchos años más de rocanrol y diversión en familia.
