ROSENDO

Las Vistillas se llenaron como nunca para ver al patron

No recuerdo a Rosendo tocando en las Fiestas de Madrid desde hace ya unos cuantos años en la Plaza del 2 de Mayo (quizás fuese el último año que dejaron hacer conciertos allí en las fiestas, ¡hace ya tanto…!), pero aquello fue algo grande, con lleno total de la plaza y las calles circundantes, y la gente subida hasta en los columpios. Pues esta vez, más castizo aún si cabe, Rosendo se planta en Las Vistillas (por primera vez, aunque parezca increíble) para dar caché rockero a las Fiestas de La Paloma.

La verdad es que nada más llegar, aquello casi parecía la pradera de San Isidro el día del Santo, y es que aparte del labrador los madri-Leños tenemos desde hace muchos años otro patrón, guitarrero, melenudo y de Carabanchel.

No sé cuantos miles de personas había, pero nunca he visto semejante muchedumbre en esta plaza: imposible acercarse al escenario, incluso ver algo desde lejos era bastante complicado, ya que a la marea humana había que sumar los chiringuitos – con sus terrazas – instalados en la plaza. Eso sí, impagable la estampa del humo de los churros y los carteles de gallinejas y entresijos enmarcando la imagen de la banda sobre el escenario. Estamos en Madrid.

Una vez que el personal se fue resignando a ver y oír lo que pudiese en cualquier sitio en el que poder al menos respirar, empezó a disfrutar del concierto como ya lo estaban haciendo los privilegiados que se habían asegurado un hueco delante del escenario. La primera parte del concierto contó con más temas de los últimos álbumes, que fueron seguidos con desigual interés por el auditorio, al fin y al cabo formado en parte por el público dispar que está celebrando las fiestas del barrio, pero la banda puso todo el entusiasmo que la ocasión requería y los seguidores de toda la vida respondieron como es debido. A estas alturas, la honestidad de estos músicos está fuera de toda duda y la fidelidad de su público también.

Con una carrera como la de este hombre, el repertorio elegido nunca puede dejar contentos a todos, pero cuando empiezan a sonar temas como “…y dale”, “Masculino singular”, “Borrachuzos” o la enorme “Flojos de pantalón” (qué solo se hizo el maestro, me faltó ver el salto que dio en medio del escenario…), hasta los que no se las saben se suman sin dudar a la fiesta. Y el recuerdo: para sorpresa y alegría de muchos sonó “El tren”, cargado de fuerza y sentimiento.

Para despedirse, “Agradecido”, y una propina de lujo, “Maneras de vivir” (aquí sí que cantó hasta la estatua de la Violetera) y ”Navegando”. Poco más de hora y media que nos dejó a todos con ganas de un poco más, pero que nos devolvió el Rock, con mayúsculas, a las fiestas de Madrid.

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