ROYAL CROWN REVUE

Aperitivo navideno a ritmo de swing

Una nueva visita de los reyes del gangster bop siempre es motivo de celebracion. Aunque ya sean casi unos habituales de nuestros escenarios, nunca olvidare la ilusion y el nerviosismo de la primera vez que pisaron Espana, cuando eran la banda mas autentica y excitante del revival del swing. Aquel momento paso, su actividad tanto en disco como en directo es cada vez mas espaciada, y tampoco la expectacion es la de entonces, aunque sepas que la noche de ritmo y diversion esta garantizada. Y sin embargo, cuando sali del Teatro Lara aquella noche, me embargaba cierta sensacion amarga. Y no solo por el hecho de haber esperado un retraso sin sentido por la mala organizacion en el comienzo del show, ni por sufrir una vez mas en primera persona ese intento de apropiacion indebida que cierto sector del publico esta tratando de hacer con todo aquello que tenga un aire y estilo 50s para sumarlo a su lucimiento de tendencia vintage. Esta vez tambien la banda tuvo algo que ver. Quiza fuera la mala estructuracion del concierto, quiza lo artificial del ambiente, pero la Royal estuvo menos fogosa y pasional que en anteriores ocasiones. El viejo teatro le daba al conjunto un caracter entre lo entranable y lo atemporal, quiza demasiado serio, demasiado formal, pues creo que la banda se desenvuelve mejor en una sala de ambiente cargado, mas sucio, mas peligroso, que alimente su espiritu de bajos fondos, su aire del hampa. En ese sentido, Eddie Nichols hizo bien en recordar sus conciertos en Gruta 77 de hace unos anos, un garito que le va como anillo al dedo al grupo. El picaro cantante trato de meterse al publico en el bolsillo desde el comienzo, cuando piso las tablas tras una introduccion musical a cargo de la orquesta y encaro directamente uno de los grandes clasicos del colosal The Contender, ese vacilon y chulesco Walkin Like Brando. El vocalista sigue siendo teniendo ese magnetismo de viejo ladron curtido en mil batallas, al que el traje no otorga elegancia sino un aura de travieso bribon, de granuja de casino. Pero es que el concepto de la gira, bautizada como Its Vegas, Baby, giraba en torno a ese mundo de neon, martinis y maquinas tragaperras, donde el espiritu golfo de Sinatra y Dean Martin sobrevuela la atmosfera de vicio y desenfreno. Si era eso lo que Royal Crown estaban intentando conseguir, creo que se quedaron a medio camino. Junto a los temas de su nuevo album de tematica navidena, Dont Be A Grinch This Year, no faltaron sus recreaciones de viejos standards, como ese fantastico Fever que Nichols lleva perfectamente a su terreno, el calido hipnotismo de She Walks On Fire, o el desmadre instrumental de la banda en Hey Pachuco. Sin embargo, daba la sensacion que la banda no lograba darle un ritmo coherente al show, y su estructura se antojaba algo desangelada. Aunque solo por ver a un Nichols frenetico poniendo en marcha sus pasos de boxeador mientras ondulaba salvaje el cable del microfono, como un pugil enfrentado a una cobra electrica, el espectaculo valia la pena. Para olvidar fue el solo de trompeta de Lee Thornburg, no se si el tipo iba borracho como una cuba o realmente tuvo alguna dificultad en su ejecucion, pero solo consiguio hacernos echar irremediablemente de menos al calvo Scott Steen. El careto de Mando Dorame echandole una miradita fue impagable. Otra novedad de esta gira ha sido la inclusion de la vocalista femenina Jennifer Keith, muy apropiada para el momento de moda pin-up que vivimos con la consiguiente asistencia de publico sin personalidad que conlleva, que otorga un contrapunto dulce al camorrista Nichols, como pudimos comprobar en la version del clasico Mack the Knife. Pero aunque sonaran Watts Local y el apropiado Viva Las Vegas, acorde con la tematica del show, era inevitable la anoranza de temas como Zip Gun Bop o Stormy Weather, habituales en anteriores giras. Fue divertido mientras duro, pero decir de Royal Crown Revue que ofrecieron simplemente un buen concierto es algo decepcionante para un servidor, que espera de ellos un derroche de sudor, carisma y frenesi en cada visita. Quiza uno se ha vuelto exigente, quiza no tenia la noche inspirada, pero me quedo una impresion demasiado fria. La proxima vez, que vuelvan a los clubes a la sombra del humo del tabaco y el color del whisky barato.

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