MADRID INQUIETA: THE JON SPENCER BLUES EXPLOSION

Rock ‘N’ Roll sudoroso

Se clausuraba el ciclo Madrid Inquieta y allí estuvimos, igual que hicimos en el pistoletazo de salida protagonizado por Maceo Parker. Una iniciativa que esperamos se mantenga en el tiempo para una ciudad que está bien necesitada de ciclos musicales de calidad. Para ello nada mejor que “tomarse” una ración de sudor y rock and roll que sabes que nunca decepciona de la mano de JON SPENCER BLUES EXPLOSION. Me había perdido su última visita del año pasado en la sala But, pero si estuve en su anterior aparición en Joy Eslava, lugar en donde repetía en esta ocasión. Bien es cierto que no traían bajo el brazo pero como he comentado, me perdí la presentación de ‘Meat + Bone’, y había ganas de arrancar con energía el fin de semana.

 

Puedo dar la razón a aquellos que dicen que esto ya no es lo mismo que hace quince años, cuando pude verles por primera vez en un lejano Festival de Benicàssim, que tanto Jon Spencer como sus compañeros de fatigas Judah Bauer (guitarra) y Russell Simins (batería) no se han movido ni un milímetro en este tiempo en su propuesta musical. También que la primera vez que los ves suele ser de las que marca para adorarles. Pero eso no invalida en absoluto su capacidad para seguir siendo una apisonadora sobre las tablas.

 

Cuando asistes a un concierto suyo estás esperando los saltos de la rana de Jon y sus continuos gritos de “Blues Explosion!” casi más que un tema en concreto y otro, porque su liturgia es de las que crea fervientes seguidores. Allí estábamos, llenando la planta baja de la sala y sin ser capaces de dejar de mirar lo que ocurría en el escenario, a pesar de la pobre iluminación (habitual en sus conciertos, todo sea dicho) que tuvieron. Me maravilla que sigan usando un tercio del escenario para estar los tres bien juntitos, sin moverse de la primera línea menos para jugar con el theremin y ser capaces sin embargo de sonar como si hubiera quince músicos sobre las tablas.

 

Así es difícil no acabar satisfecho tras los noventa minutos reglamentarios. Mientras cumplan de esta manera, imposible no desear volver a verles.

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