BIGELF – Into the maelstrom

Continúan a un grandísimo nivel

Cuarto álbum de la poco prolífica banda californiana Bigelf, en sus veintitrés años de trayectoria, catorce desde la publicación de su primer álbum. Es verdad que se lo piensan mucho, y los seis años que han pasado desde su última entrega, Cheat the gallows de 2008, enfrían mucho al público, cosa que no les beneficia nada. Y que, por cierto, no les hace justicia: el concepto del rock progresivo que elaboran podría tener seguimiento masivo si no fuera porque casi se les olvida, de tanto tiempo que pasa entre álbum y álbum.

Descubiertos por el que suscribe compartiendo escenario con unos Dream Theater en su último gran momento y unos demasiado sobrevalorados Opeth en el Progressive Nation de 2009, ya me parecieron en su momento, o casi, la opción más atractiva de aquel cartel.

Inmersos en un doloroso hiato, probablemente a causa de un problema de creatividad, el líder Damon Fox estuvo a punto de liquidar la franquicia Bigelf, de no ser por la providencial intervención de Mike Portnoy, que tras su salida de Dream Theater convenció a fox de que siguiera con el proyecto. Innegable su buen gusto, y menos mal.

Con independencia de lo que ellos piensen, y en otro orden de cosas, me parece inevitable la sensación de que King Crimson sigue siendo su principal influencia, aunque ahora ya un poco menos. Los doce temas del disco son compactos y contundentes, con la atractiva voz de Damon Fox y la mayor parte del peso sonoro recayendo sobre los órganos (instrumentos musicales) que toca el citado Fox.

Esa orgía de órgano Hammond se asienta perfectamente sobre el trípode que forman Luis Maldonado (guitarra), Duffy Snowhill (bajo) y, tachán, tachán, ¡¡Mike Portnoy en la batería!!, colaborador de lujo que, como acostumbra a ocurrir con él, en lugar de acompañar, hace sombra: sus ritmos ricos y floridos se alejan un tanto de lo que era la marca de la casa. Pero claro, eso no importa nada, porque el resultado es buenísimo. Desde el lúgubre y misterioso Edge of Oblivion hasta Incredible time machine, todos los temas son súper guapos, pudiendo destacar Hypersleep, Already gone, con un elegante solo de guitarra, el medio tiempo Alien frequency, los más largos y cercanos al estándar de rock progresivo High y ITM, suite de cierre en tres partes, y, sobre todo, Control freak, enorme composición.

Completa el paquete un disco de bonus con remixes y versiones demo de Control freak, Alien frequency, Hypersleep, Mr. Harry McQuahae y Theater of dreams (¿guiño a Portnoy?). Bárbaro.

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