CHRISTINA ROSENVINGE

Un nuevo paso adelante

Christina Rosenvinge vive, al menos profesionalmente, un momento dulce. Con un público consolidado y un cancionero que crece a buen ritmo tanto cuantitativa como cualitativamente, la cantante y guitarrista, formada en la escena independiente de los ochenta, dada a conocer en compañía de Álex de la Nuez (Álex & Christina), líder de Los subterráneos y con diversas aventuras puntuales en los últimos años, ha sabido sobreponerse a todo eso y ser reconocible por sus obras más personales, convirtiéndose en una de las songwriters más destacadas de la escena nacional.

Últimamente, cada nuevo trabajo de la madrileña sorprende pero no chirría, como si fuera una consecuencia lógica o adecuada del precedente que llega sin estridencias, en su momento exacto, justo después del anterior y antes del siguiente. Abrazada a su guitarra, tras su efímera aventura con Nacho Vegas, sigue ofreciendo piezas de artesanía de indiscutible belleza, ya se llamen Tu labio superior, La joven Dolores o este Lo nuestro que anda presentando ahora.

Un disco con un punto oscuro, inquietante, que Rosenvinge se encargó de trasladar al escenario con maestría y pidiendo disculpas por su parquedad de palabras. Ni falta que hace. De Christina esperamos canciones. Los temas de una artista que parece madurar con cada nueva entrega, dar un paso adelante y subir el nuevo escalón de una carrera que está sin duda viviendo sus mejores momentos en esta etapa de madurez. Increíble para su edad, como le recuerdan en cada entrevista y como se encargó de recordar ella con humor durante el concierto.

Con criterio y cabeza, Christina Rosenvinge, en compañía del trío de músicos que le servían de base y sustento, fue alternando los temas de su último trabajo con canciones de su repertorio como Debut, La distancia adecuada o El puñal y la memoria. Casi siempre a la guitarra pero también, como es habitual, a los teclados. Un cambio que da pie a silencios, pausas y aplausos. Muchos aplausos por parte de un público entregado que vivió el concierto con intensidad, a buen seguro incrédulo cuando comprobó que lo que habían parecido unos instantes se había convertido en hora y media y el concierto llegaba a su fin. Ovación cerrada (en pie) y hasta la próxima. Que no tarde.

Foto del archivo de Solo-Rock

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