THE CHARLATANS

Madchester en Madrid

Una sola fecha habían concretado los británicos The Charlatans en España para presentar su último disco, Modern Nature, pero ni por esas: ni media Riviera consiguieron congregar los chicos de Tim Burgess. Una banda que, citada habitualmente como uno de los referentes del sonido Madchester junto a The Stone Roses y Happy Mondays, parece ser la que menos tirón ha conseguido tener de las tres por estas tierras. No por la calidad de sus canciones, desde luego, como quedó patente el pasado viernes. Ni por actitud. La apretada agenda que ofrecía la capital este pasado fin de semana les pasó factura.

Comenzaron con Talking in tones, primera canción, también, de su último trabajo, al que terminarían dedicando un total de siete de las dieciséis canciones que interpretaron. El resto, un breve pero acertado repaso a sus veinticinco años de carrera desde que en mil novecientos noventa publicaran su pimer disco, Some friendly, del que, por supuesto, recuperaron la histórica The only one I know, uno de sus temas más reconocibles y también, como no podía ser de otra manera, Sproston green, que no necesita presentación.

Tim Burgess, en su papel de frontman, cantante y líder, comenzó la noche fotografiando al público (foto que posteriormente colgó en la cuenta de Facebook de la banda) e inmediatamente comenzó su incansanble deambular por el escenario para intentar, a pesar de la distancia que impone la sala madrileña, apelar e involucrar a un público que se mostró receptivo y no dejó pasar estar oportunidad de disfrutar de uno de los grupos pioneros del britpop.

Superada la muerte de su histórico batería, Jon Brookes, al que un cáncer se llevó por delante en 2013, el grupo gira en compaía de Peter Salinsbury (The Verve, Richard Ashcroft) y con los habituales Martin Blunt al bajo, Mark Collins a la guitarra y Tony Rogers a los teclados, una formación que cumple en lo músical cediendo todo el protagonismo escénico a Burgess.

Un único bis de dos canciones se marcaron The Charlatans para completar una actuación que no llegó a la hora y media y que dejó al no demasiado numeroso pero sí bastante entregado público con ganas de más, muchísimo más. Otra vez, tal vez, será.

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