4º ANIVERSARIO INDUSTRIAS BALA

Celebraciones, presentaciones y recuerdos en una noche muy emotiva
Texto y fotos: Javi G. Espinosa
31 Enero 2020, Siroco (Madrid)

El 30 aniversario de Siroco ha dado los últimos coletazos, pero aún nos guardaban alguna sorpresa para el final: si a comienzos de enero se celebraba allí otro aniversario, el 7 de Entrebotones, cerrando el mes han sido Industrias Bala quienes han festejado allí su 4 cumpleaños, presentando las últimas incorporaciones a la familia. Aunque hay que decir que la fiesta quedaba algo empañada por la inesperada y dolorosa pérdida pocos días antes de María Baigorri, una compañera de prensa muy conocida y querida en todo el mundillo musical de la capital, al final la velada se convirtió también en una cariñoso recuerdo por parte de sus muchos amigos presentes en la sala, al que se sumaron todos los allí reunidos.

Cinco artistas muy dispares, de estilos totalmente distintos, fueron los encargados de animar la celebración. Abrió el cartel Sofía Comas, quien ya formara parte de Tucán Morgan y ahora se lanza a una carrera en solitario, con una deliciosa propuesta defendida sólo con su voz y su teclado, musicando textos de grandes poetas y mostrando composiciones propias realmente emocionantes. Diferente y muy personal, una artista a seguir. Le siguió en escena Meritxell Neddermann, apostando por un sonido basado también en teclados, en este caso apoyada por programaciones adicionales, con una mirada más inclinada a los sonidos electrónicos pero con un toque de soul, cantando en inglés y también con un lenguaje propio y muy interesante. Atentos a ella también.

El siguiente en hacer su aparición fue Julieta 21, en formato de dúo, con Jose acompañado por Antonio, los dos armados con sendas guitarras, más que suficiente para emocionarnos con un puñado de esas bonitas canciones que así, casi al desnudo, parecen más bonitas aún. Y si a unos teclados los sucedieron otros, a estas dos guitarras también las siguieron otras dos: la de Tucho, unida a la de Cris Méndez, que nos regalaron también varios de esos espléndidos temas de raíces folkies americanas, bajando del escenario para tocar la última canción en el medio de la sala, en familia, rodeados de toda la gente. Un lujazo.

Finalmente, la noche la cerraba Alberto Acinas, a quien posiblemente conozcáis por su faceta de pintor, y que ahora también se ha lanzado a coger su guitarra y subirse al escenario, y lo mismo te anuncia que va a tocar un vals satánico, que se arranca con unas enigmáticas jotas cavernarias, o lo que surja. Venía con ganas, y si le llegan a dejar yo creo que acabamos amaneciendo allí con él, pero el horario ya andaba ajustado y había que ir terminando. Eso sí, una vez sentado el precedente, no dudo en bajarse también de las tablas a terminar el jaleo rodeado por el público. Todo lo épico que pudo ser en el poco rato que le correspondió, así que imaginar un concierto suyo completo no nos resulta nada fácil, pero sí nos despierta mucha curiosidad, por lo que habrá que estar atentos a sus próximas incursiones escénicas.

En fin, una bonita y emotiva reunión en la que hicimos nuevos (y buenos) descubrimientos, algo siempre de agradecer. Feliz aniversario a todos los celebrantes, y que cumpláis todos muchos más – y que nosotros podamos verlo, y contarlo.  

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