THE ELECTRICKLEEJOSSAPO TOUR

Una sólida hermandad rockera
Texto y fotos: Javi G. Espinosa
6 Marzo 2020, Caracol (Madrid)

Siempre es bueno que haya grupos que decidan hermanarse para unir fuerzas y reunir a sus públicos en un mismo concierto. Bueno, en este caso han sido tres conciertos, de tres bandas que se han embarcado en una mini-gira intensiva que les ha llevado a tocar tres días seguidos, en Zaragoza, Madrid y Sevilla. The Electrickleejossapo Tour han llamado al invento, juntando los nombres de las tres formaciones: The Electric Alley, The Kleejoss Band y King Sapo.

Abrieron la velada los zaragozanos The Kleejoss Band, cuarteto que practica un contundente rock con toques sureños y querencias por las armonías vocales, de guitarras muy trabajadas que comparten protagonismo en los desarrollos de unas canciones con pegada, y aunque su presencia sobre las tablas pudo saber a poco (había que dejar tiempo para las otras dos bandas) tanto ellos como el público que ya iba llenando la sala quedaron satisfechos y agradecidos por el resultado: los músicos, por ir convocando en sus visitas a Madrid cada vez a más gente y en recintos mayores, y los presentes al descubrir (o confirmar, quienes ya les conocían, que no eran pocos) el poderío de estos chicos.

A continuación era el turno de King Sapo, otro cuarteto (madrileño en este caso) que factura un furioso hard rock de tintes psicodélicos que tira hacia el stoner, aunque hasta los tipos más duros tienen su lado sensible: hubo momentos en que su cantante cogió la guitarra acústica, incluso arrancando él solo algún tema para que luego se le uniese el resto de la banda. Dieron un buen repaso a su único álbum (aunque sus componentes ya están más que rodados en otras bandas, anteriores y paralelas) y dejaron el ambiente ya más que animado para el número final.

The Electric Alley eran los encargados de cerrar el cartel, con la propuesta más metalera, de guitarras afiladas y voces agudas – eso sí, vaya voz la de su cantante: potente y segura, con una amplitud de registros admirable. La banda gaditana dio también muestras de su devoción por el rock más contundente y de su solvencia escénica. Curiosamente eran los únicos con formación de quinteto, y los únicos con teclista, lástima que el sonido de esos teclados quedara bastante ahogado por el muro sónico que levantaban sus compañeros. Al menos, se le pudo oír al final, cuando el resto de componentes fue abandonando el escenario de uno en uno, y se quedó solo sobre las tablas poniendo las últimas notas de la noche, antes de volver a reunirse todos para despedirse y agradecer la gran acogida que les dispensó el público madrileño.

A falta de bises por motivos lógicos y evidentes, tal vez se hubiese podido esperar una reunión, para despedir la noche juntos, de las tres bandas en escena a la vez para hacer algún clásico de esa época dorada del rock que tanto les influye y les inspira, pero no pudo ser. Lástima, porque hubiera sido un magnífico broche a una gran noche, en la que los seguidores de las respectivas bandas también acabaron hermanados entre ellos, y con los músicos, que alternaron y departieron con todo el mundo.
 

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