GUNS N´ROSES

Chinese Democracy

Resulta difícil enfrentarse a la crítica de este disco, el más caro y controvertido de la “era rock”, más aún sabiendo la larga lista de condicionantes que inevitablemente arrastra; 14 años de gestación, otros tantos millones de dólares invertidos, y un baile de músicos y productores sin sentido desfilando bajo el sacro nombre de Guns N’ Roses utilizado en vano. Si a eso unimos los amores y odios que instantáneamente despierta el personaje protagonista de esta epopeya, convertidos con el tiempo, y más que justificadamente, en mofas y chistes de todo tipo, publicar a estas alturas el largamente esperado ‘Chinese Democracy’ puede sonar más a broma que a otra cosa. Pero aunque parezca mentira, después de más de una década de rumores y de un buen número de anuncios y fechas de lanzamiento sin credibilidad ninguna, la “democracia china” es una realidad. “Chinese Democracy starts now”, como rezan los eslóganes publicitarios del álbum. Yo soy de los que pienso que Axl Rose está de vuelta de todo y me paso todos esos complejos y sarcasmos varios por el forro. Hablo con el conocimiento de causa de que Axl va a ser vilipendiado y despellejado sin piedad por este disco, pues es lo que toca, haga lo que haga, para mantener la sorna. Y aunque resulte más que vergonzoso verlo publicado bajo el apelativo de “pistolas y rosas” que legalmente pertenece al vocalista, que nadie caiga en los tópicos; “esto no son Guns N’ Roses”, “no está Slash”, “falta el espíritu original del grupo”, porque sí, es cierto, pero eso ya lo sabemos también de antemano, así que no revolvamos tan manidas sentencias. Este es el proyecto personal de Axl, y eso a día de hoy todo el mundo lo sabe. Que sí, que no está Slash, que vale, que no son Guns N’ Roses, pero más allá de eso existe el disco, así que vayamos al grano y veamos lo que el nuevo Rose de botox y trencitas tiene que ofrecer en 2008.

Cuando se produjo la ruptura de los “verdaderos” Guns N’ Roses que todos recordamos allá por mediados de los 90 y se comenzó a hablar de este disco, las diferencias musicales entre Axl y los miembros clásicos del grupo se enarbolaron como uno de los motivos clave de la separación. Parecía que Rose, que siempre había mostrado públicamente su admiración por nuevas bandas de la por entonces todavía escena “alternativa” (de Jane’s Addiction a Nirvana), quería dar un paso adelante en la concepción musical de un grupo cuyos miembros seguían colgados de los Aerosmith y Stones de siempre, mientras el cantante bebía las aguas del rock industrial de sus adorados Nine Inch Nails. Algo que demostró con el fichaje del guitarrista de estos, Robin Finck, y en el primer lanzamiento del reformado grupo, el single ‘Oh My God’, que en 1999, fue tema central de la película de su colega Schwarzenegger, ‘End Of Days’, y en teoría, primer adelanto de este ‘Chinese Democracy’ en forma de potente y rabioso artefacto de rock tecnológico. Pero ha pasado mucho tiempo de eso, y lo que ‘Oh My God’ (finalmente no incluída en el disco) significó entonces, hoy ya no es vanguardia, por lo que ‘Chinese Democracy’ bebe de muchas otras influencias conocidas de Mr. Rose.

Es cierto que 14 largos años dan para mucho, pero tampoco creo que Axl sea el maniaco reclusivo que se le supone, y de hecho, tras unos primeros años en paradero desconocido, mucho se ha hablado de su vida social, y seguro que no le ha faltado más de un divertimento también responsable del retraso del álbum. Sin embargo, si trazamos una línea artística temporal, es cierto que ‘Chinese Democracy’ bien podría ser el lógico sucesor de las grandes piezas épicas que asombraron en ‘Use Your Illusion’, que, aunque sobre decirlo, tampoco es que fuera una obra de fácil digestión para el rock sucio y macarra que se les presuponía a los Guns. De la misma manera, y como todos sabréis que sucede con algunos lanzamientos discográficos, este disco necesita también de varias escuchas y un cierto reposo para ser asimilado antes de espetar el clásico e impulsivo “¡menuda mierda!”.

Como decía, Axl ha tirado de todas sus influencias para hacer un trabajo personal, pero no son esos supuestos toques “modernos” los que priman en el álbum, sino la grandilocuencia bombástica de dos de sus más reconocidos maestros, véase Elton John por un lado, y Queen por otro, dotado todo ello de una pátina más “actual”. Y que eso no lleve a maliciosas conclusiones: no son estas canciones fruto solamente de la megalomanía de este hombre; en ellas colabora toda la banda, y hay mucho espacio, más de lo esperado, para el lucimiento instrumental, con especial presencia de solos y virguerías varias de los cinco guitarristas que han dejado su impronta en el disco, al más puro estilo de Slash en ‘November Rain’ o ‘Estranged’. De lo que se desprende que las “diferencias artísticas” con sus antiguos compañeros no fueron del todo el detonante de la ruptura; un divorcio, del que por otra parte, siempre hemos oído la misma versión sin escuchar a ambas partes, lo que ha tirado aún más mierda a la ya de por sí controvertida salud mental del cantante. El mismo Slash ha declarado haber escuchado este disco y haber quedado gratamente sorprendido: “Ahora entiendo hacia donde quería dirigirse Axl”. Sigamos…

El que las canciones hayan ido saliendo a la luz a lo largo de los años, bien presentadas en directo por la banda, bien filtradas a través de Internet, resta bastante emoción a la escucha, pero no quita peso al resultado global, que, por otra parte, es bastante bueno. Las melodías de Axl son las grandes protagonistas del disco, sustentadas en textos de corte personal. El vocalista ha trabajado muchísimo el aspecto melódico, y ha desarrollado una gran variedad de registros, aparte de los consabidas voces dobladas en diferentes tonos cual duelos consigo mismo que ya trabajó en ‘Use Your Illusion’, pudiendo escucharle cantar en insospechados tonos graves y sombríos y en los ya acostumbrados agudos gatunos, que alcanzan un histrionismo inusitado, evidencia de una mejora técnica sustancial en su estilo, sin dejar de lado sus característicos y rasposos rasgados de garganta. Hay lugar para potentes pelotazos hard rockeros, como lo son los dos primeros sencillos, y dos de las canciones más destacadas del álbum, el inicial “Chinese Democracy” que da título al disco y suena a gloria, y ese fabuloso “Better” con sus cadencias melódicas y sus sincopadas bases rítmicas. Las grandilocuentes piezas épicas con desarrollos orquestales, piano y cambios de intensidad por doquier son las que conforman el grueso del disco, apartado en el que nos encontramos con maravillas como “Street Of Dreams”, la deliciosa “Catcher In The Rye” (para la que Brian May grabó un solo que finalmente ha sido eliminado), que pierde un poco por su situación en el disco, y la fantástica traca final con esa íntima “This I Love”, único tema firmado por Rose en solitario y un puro ejercicio al mejor estilo Elton John, y el no menos emocionante “Prostitute”. Del otro lado, el ecuador del disco lo acaparan otras piezas algo menos inspiradas como “There Was A Time” o “If The World” (con un sorprendente Buckethead a la guitarra española), en las que en ocasiones da la sensación de estar compuestas por partes melódicas sin una estructura ordenada, como una ampulosa composición de banda sonora en la que no cabe buscar un estribillo o una estrofa como tal. Quizá con la ayuda de Izzy Stradlin (único gunner que aparece en los agradecimientos del disco), Axl hubiera encauzado más este tipo de canciones, aunque vistos los últimos esfuerzos discográficos del guitarrista (‘Miami’ e ‘Concrete’, ambos publicados a través de iTunes, son bastante mediocres) tampoco creo que su contribución hubiese sido de demasiado ayuda. Son este tipo de canciones las que por su excesiva semejanza, dan en ocasiones al disco un carácter demasiado lineal, que es roto por los temas de corte más industrial, curiosamente, quizá los más prescindibles. En su composición colabora el productor final del disco tras muchos dimes y diretes, Caram Costanzo, que ya había trabajado para Pearl Jam, RATM y Stone Temple Pilots entre otros. En esta tesitura encontramos “Shackler’s Revenge”, que descoloca por su ritmo machacón digno en algunos pasaje de los mismísimos White Zombie, y un “Scraped” que se asemeja en algunos dejes de la melodía al propio “Oh My God”, sin alcanzar el potencial de aquel. Lo mismo que “Riad N’ the Bedouins”, que ni convencía en directo, ni lo hace ahora. En tierra de nadie, “Sorry”, que bien podrían haber firmado a medias Alice In Chains y unos Faith No More tardíos, es tema intenso y oscuro que muestra a un Axl desconocido pero convincente.

En definitiva, un disco que sin ser la obra maestra que esperaban unos ni la bazofia por la que apostaban otros, es una buena demostración del talento de Axl, más allá de su perfeccionismo y de los años invertidos, que peca, como muchos álbumes de grandes bandas que tardan cerca de diez años en cada nuevo disco (de Stones a AC/DC), de demasiados temas (¡qué tiempos aquellos de los discos de diez canciones y todas buenas!), que supera con creces cualquier cosa que Velvet Revolver hayan publicado en su carrera (para alimentar la polémica de los que buscan comparaciones) y que NUNCA debería haberse publicado bajo el nombre de Guns N’ Roses.

Al menos demuestra que Axl está en buena forma, más allá de esas locuras de las que parece disfrutar, como bien escribe él en “Catcher In The Rye”: “If I though that I was crazy, well I guess I’d have more fun”. Ahí queda eso. Solo esperemos que no tarde otra eternidad en darle una continuación a esta “democracia china”, porque, efectivamente, “Chinese Democracy starts now!”.

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