THE LADYBUG TRANSISTOR

Su pop atemporal no defrauda a la media entrada de la sala

Se supone que The Ladybug Transistor tienen un publico fiel en Espana, de la fidelidad podemos dar fe tanto como de su lamentablemente escaso numero. El grupo de Gary Olson practica un pop tan intachable, perfecto, cuidado, pastoral y sedoso que deberia congregar hordas deseosas de estremecimientos sencillos, que no simples, y de emociones intensas, que no forzadas, pero no es asi y la sala Moby Dick quedo a medio llenar, sin tener en cuenta el habitual fondo sur parlanchin. En cualquier caso ganamos respecto a su anterior visita a la Nasti. Algunos cambios en la formacion actual en torno a Olson, la sustitucion del bateria tras la muerte de San Fadyl por Eric Farber y la salida definitiva de Jeff Baron y Sacha Bell para dedicarse plenamente a otra debilidad, The Essex Green. Todo eso y un sonido considerablemente mejor en la sala, dejando de lado esa espita de gas presente en todos los conciertos. El caso es que venian los de Brooklyn a defender en una pequena gira hispana su trabajo mas reciente, Cant wait another day, de 2007 y publicado aqui este año por Green ufos. Para esta tarea han acompanado al factotum Olson los habituales Julie Rydholm al bajo, Kyle Forester a los teclados, Michael ONeil a la guitarra y la australiana Isobel Knowles a la trompeta. Un magnifico disco con el handicap de tener un predecesor como el homonimo The Ladybug Transistor de 2003 de trascendencia historica, dentro de 20 años me lo dicen. Pese a ser este ultimo disco una obra mas sentimental y triste en escena no lo reflejaron en absoluto. Mas joviales que otras veces, quizas conscientes del estado de gracia en que se hayan, repasaron buena parte de este ultimo trabajo, entre ellas las excelente Im not mad enough, Three days from now o su single Always on the telephone. Comenzaron sin embargo el concierto con temas de Albermale sound, Oriental boulevard, Six times o la excepcional version de Jan Dean mas bien de Dean Torrance, Like a summer rain, esta obsesion con la lluvia es mas que recurrente en el cancionero de la banda de la mariquita. Dentro del buen ambiente, Kyle insto a que el publico hiciera sus peticiones, una vez que la bola de espejos ilumino, a su requerimiento, el resto del concierto. Pese a que el Girl on a swing, de su padre campestre espiritual Kevin Ayers, no fue lastimosamente recogida por la banda, pudimos oir algunas canciones de su anterior trabajo, muy marcado por una deliciosa linea de alegria country pastoral, In december, Song for the ending day y A burial at sea sonaron a gloria. Felices ellos, feliz el publico disfrutando de un pop deudor de nadie y deudor de todos, de los Byrds, del sunshine californiano, de Kevin Ayers, de Arthur Lee y que cada vez recuerda un poco mas con los insistentes vientos a los estremecedores Pale Fountains. Animados entre otras cosas, por la victoria de Obama hasta para eso hubo tiempo afrontaron los bises con el teclista Kyle incorporado al parte de escalabrados pero no tanto como para no poder cantar una alocada version de los Brincos ya saben, aquel grupo espanol mejor que los Beatles, el Pasaporte, en algo parecido a la lengua castellana. Con las trompetas girando y en todo lo alto acabo una deliciosa velada.

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