GALACTUS

Agallas

Reconforta toparse con discos de debut como este AGALLAS que acaban de publicar los barceloneses Galactus; seamos francos: uno cada vez espera menos de la música que se hace actualmente en nuestro país, ese pop de usar y tirar que pierde el sabor antes que un mal chicle. Pero de vez en cuando aparece un disco como el que nos ocupa y uno vuelve a salivar, y le entran ganas de sentarse a disfrutarlo algo más pausadamente, para paladear los matices e indagar de qué está hecho ese “no sé qué” arrebatador que late en el corazón de su música reclamando, con adherente insistencia, la reproducción.

Uno de los mayores aciertos de AGALLAS reside sin duda en el planteamiento incial, en su sonoro punto de partida: pop-rock elaborado con ingredientes naturales y cocinado con honestidad, por un grupo de músicos que sabe jugar sus cartas, entre ellas el as en la manga de un talento melódico singular. Esta facilidad para la tonadilla memorable es sin duda uno de los puntos fuertes de la banda, virtud que aciertan sabiamente a realzar apostando por un sonido de limpio y sobrio, en el que conjugan ascendentes indie y americana para dar forma a una colección de canciones de patrón básico –¿clásico?– que bordan de vistosos arreglos con sencillez y soltura.

El álbum se abre a lo grande con la pieza que le da título: “Agallas” es un temazo de pop de guitarras adulto, de marcada filiación indie, en el que destacan unos textos de un lirismo cotidiano y punto desengañado que aciertan a dar en la diana de la emoción –“tantas agallas, ¿por qué? / si siempre acabo durmiendo a tu lado”, se pregunta el cantante con cierta resignación, consiguiendo pulsar la tecla de la empatía–. En “El tiempo nunca va hacia atrás” reflexionan sobre el paso y el peso de los años aligerándolo: pop acústico y vitamínico en el que lo mismo resuenan ecos de bandas como los americanos Cracker que de sibaritas del pop patrio como los inolvidables La Granja. “Ya no tengo edad” es pop & roll de estirpe nuevaolera y sonrisa ladeada, que incluye una de las rimas más audaces del pop español de los últimos tiempos –“pago hipoteca, juego al golf/ vivo en un loft, bebo en un bowl”–. En “Menudo nivel” le llega el turno a la girl song de rigor: las guitarras se achulan en un medio tiempo esculpido a golpe de riffs que invitan al caderazo y se celebran cerveza en alto, en el que es uno de los momentos más abiertamente rockeros del álbum. “Kick the can” es pop de manual, una de esas canciones redondas que, en un mundo menos ensordecido, debería sonar a todas horas en las radios: el ritmo saltarín, la impagable letra de tono naíf, la melodía juguetona, esas segundas voces, preciosas… Todo juega a favor de obra en esta pieza de artesanía que hace pensar en luminarias del pop yankee actual como The Shins o The Long Winters. A mitad del disco, en “Nada de ti”, la soledad se mira en el espejo del amor –bonita letra– a lomos de unas guitarras que apuntan a los Teenage Fanclub más acústicos, en una canción prodigiosamente rematada por un solo que, sencillamente, araña el alma. El disco avanza y el grupo expone sus bazas: indie pop de original melodía, letra certera y acabados tan sencillos como eficaces –“Galactus song”–, medios tiempos briosos que invitan a canturrear y obligan a mover el pie –“Cuatro colores”–, power pop adscrito a la mejor tradición española del género –“Salomón”–, una personalísima versión del “Burned” de Buffalo Springfield, que el grupo sabe hacer suya ralentizándola y despojándola del aire beat original para convertirla en una hermosa pieza de americana contemporánea… Y, cerrando la colección, uno de los momentos álgidos de álbum: “Sr. Arquitecto” es una elegante balada rock –con guiños evidentes al gran Josele Santiago y su surrealismo castizo– que consigue conmover gracias, en gran parte, a unas magníficas guitarras y a su hermosa, acertadísima producción.

Reveladora conclusión: al finalizar la escucha de AGALLAS lo que apetece es ver a Galactus tocando estas canciones en directo. En primer lugar, porque el disco está plagado de melodías arrebatadoras que, unidas a una temática que se acerca en varias ocasiones a lo “generacional”, convierte a varios de los temas en potenciales “himnos” que parecen necesitar de un público que los coree para cumplir con su destino. Y en segundo lugar, porque el suyo es un sonido honesto y sin manipular, que sin duda debe rendir al máximo –esa es la impresión que da– escupido por unos amplis al volumen necesario desde lo alto de un escenario.

En su myspace están las fechas de sus próximos bolos, así que ya lo sabes, si pasan cerca de tu ciudad…


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