PENTAGRAM

Mas stoner que el stoner

Los amantes de la música más densa y pesada (lo que llaman ahora “doom”: palabra con múltiples acepciones en el idioma de Shakespeare, como “muerte, ruina, destrucción, fatalidad, condenar al fracaso, perdición”……) siempre han tenido tres grupos referenciales: Blue Cheer, Black Sabbath y Pentagram. Estos últimos entran en la lista por haberse formado en 1971, aunque no grabaron nada hasta 1985, y por la creación de un sonido pesado, repetitivo, denso y contundente. La banda sonora perfecta del Averno.

Seamos claros también: A Pentagram en España les habían escuchado cuatro gatos. En los últimos años es cuando se ha creado cierta aureola mística alrededor del grupo debido a su mala suerte a la hora del fatídico reconocimiento junto a las adicciones y locura de su cantante Bobby Liebling, único miembro original y reflejadas en el magnífico documental “Last days here”, que narraba las peripecias yonkarras de Bobby en el sótano de sus padres.  La repercusión de sus actuaciones  tanto en el Festival Serie Z 2011 como en el Azkena  2012 hicieron el resto para que el concierto tuviera una más que aceptable entrada. Simplemente había que fijarse en el gentío del concierto del domingo en la sala Copérnico: público stoner jovenzuelo  más que heavies de la vieja guardia.

En cuanto al concierto toda sea dicho, la banda dio mucho más de lo esperado por un humilde servidor: una hostia metalera en toda regla de principio a fin, concretamente 75 minutos. Base rítmica contundente y atronadora, formada por  Sean Saley  a la batería y Greg Turley al bajo, y un guitarra zurdo tocando la SG, para agrandar la comparación con Toni Iommi y los Sabbath, Matt Goldborough, que iba a la yugular sin excesos y no se andaba por las ramas ni resultaba tedioso (véase Zakk Wylde). ¿Qué se puede decir del gran Bobby Liebling? Pues que es el frontman menos sexy de la Historia del rock (una mezcla de Salvador Dalí, Pedro Reyes, un fraggle y Gargamel) que hace gestos obscenos irrisorios y movimientos cuasi epilépticos imposibles, y que al final le coges cariño por no decir que resulta hasta entrañable.

Sonido  potente y pesado, machacón y repetitivo, más stoner que el stoner, mas Sabbath que los propios Sabbath, donde la voz de Liebling apenas falló  y se mantuvo a un nivel más que aceptable.  Los riffs poderosos y graves de “Treat my right”, “Forever my queen” o “Ask no more”  convivieron con la  potencia y gotas de velocidad de “Sign of the Wolf” o “When the Screams come”, acabando con la densidad y fogosidad de “Be forewarned” (Dave Wyndorf la ha tenido que escuchar cien mil veces) y “20 buck Spin”.

Rotura de cuello y un mar de cuernos para la noche del domingo. ¿Hay algo mejor para empezar con buen pie la semana?

Santino

 

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