DEEP PURPLE – Perfect strangers live

Otro concierto para guardar

Enésimo directo de la marca Purple, que en este caso tiene el interés de consistir en una excelente grabación de un de los primeros bolos de la que sería su más triunfal gira, la de la reunión de 1985 tras el más que aclamado Perfect strangers, publicado el año antes.

Corrían por ahí horribles grabaciones pirata de estos mismos conciertos, de diciembre de 1984 en Australia, que la banda usó como calentamiento para la posterior gira mundial. No demasiado conjuntados, la formación dorada de Deep Purple sonaban, eso sí, con unas tremendas ganas de sobrevivir a su propio mito. El nivel, altísimo, excepto en el caso (como siempre) de la voz de Ian Gillan, que siempre se ha visto, se ve y se verá superado por sí mismo en el Made in Japan de 1972.

El contenido de los dos CDs es un concierto entero, bises incluidos, que consta del material clásico del citado Made in Japan, que cae casi entero, más algunos temas del entonces nuevo álbum, Perfect strangers.

Comienza el asunto con Highway star, fenomenal, con ese grandísimo solo de Ritchie Blackmore ejecutado exquisitamente. Tras Nobody home, la primera del nuevo material, abordan Strange kind of woman, antes de que Gillan se canse (aunque es inútil, su voz no llega ni a la mitad que antes), con el guiño a Jesus Christ Superstar que perfeccionarían para la siguiente gira. A continuación, el sempiterno Blues de Blackmore sirve como introducción a A gipsy’s kiss, que abre el bloque dedicado al material nuevo, con Perfect strangers, Under the gun y Knocking at your back door. Hasta aquí está claro que los que mejor están son la sección rítmica: Ian Paice y Roger Glover están perfectos en batería y bajo respectivamente.

A partir de aquí empieza el material antiguo: Lazy, degradada sin la intro de teclado, incluye el solo de batería (claro, no tocaban The mule) y Child in time, bastante bien, dado el estado de la garganta de Ian Gillan, aunque el solo peque de parecer un tanto inconstante.

La única concesión a repertorio externo (como no, al de Ritchie Blackmore), sigue a continuación: Difficult to cure, uséase la novena de Beethoven según Rainbow, que da paso al solo de teclados de Jon Lord, que como venía haciendo en Whitesnake, combina fragmentos clásicos y populares con las vaciladas puras y duras. En este caso, por la cercanía de la navidad, cae un villancico. Qué fonito. Este solo desencadena en Space truckin’, que cerraba el setlist inicial, con sus quince minutos de solos interminables y tal y cual.

Los bises eran Black night, Speed King, muy bien con su rollo navideño incluido, y la para mí siempre desafortunada versión de cierre de Smoke on the water, esa en que Gillan pone al público a corear hasta el hastío, como siempre excelente hasta que llega la conclusión.

En resumen, un gran directo que cubre un hueco hasta ahora mal servido: del principio de esta gira no había nada de calidad (el directo del Knebworth era muy posterior), ahora sí. Bien.

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