ANA POPOVIC

ELEGANCIA, BUEN GUSTO Y PASIÓN POR LAS SEIS CUERDAS
Texto y fotos: Javi G. Espinosa
24 Marzo 2019, Shoko (Madrid)

Por segunda vez en menos de un año hemos tenido el privilegio de disfrutar en Madrid con Ana Popovic, la fabulosa guitarrista de origen serbio afincada en Los Angeles. Y si el verano pasado pudimos verla en un escenario grande pero con un espectáculo limitado, al actuar abriendo la velada como invitada de Jeff Beck, ahora teníamos la ocasión de ver un concierto suyo completo y además desde la distancia corta, en un magnífico escenario como es el de la sala Shôko.

Fiel a su costumbre, Ana deja los primeros aplausos para su banda (esta vez sin los vientos, sólo batería, bajo y teclados), que salen a poner en marcha la maquinaria y a ir caldeando el ambiente en la sala. No hubo que esperar mucho para que saliese a escena la jefa, se colgase su vieja Stratocaster y empezase a rasgar las seis cuerdas con la enérgica elegancia que la caracteriza. Era el quinto concierto en cinco días recorriendo nuestro país, último antes de proseguir su periplo por Europa que luego tendrá continuidad en Norteamérica durante abril y junio, con gira británica por medio en mayo y un buen número de festivales durante el verano por todo el viejo continente. Esta mujer vive constantemente en la carretera (y hasta embarcándose a bordo de cruceros temáticos con otros artistas de blues) y aun así tiene tiempo de publicar un disco tras otro – y a veces hasta varios de una tacada. 

En esta ocasión esta presentandoLike it on top“, un álbum editado a finales del año pasado, después de su última visita, que reivindica a través de sus canciones el poder de las mujeres en todos los ámbitos de la vida, con lo cual el repertorio no solo fue más extenso al figurar ella sola en el cartel sino que además incluyó las nuevas canciones de este disco

Es un todo un espectáculo ver a esta mujer en acción, pasando de sus incendiarios temas directamente inflamados por el influjo de Hendrix (dos versiones hizo del zurdo de Seattle) y Stevie Ray Vaughan a piezas más deudoras del soul y hasta el funk. Y si ella asombra y abruma con su guitarra, no hay que dejar de lado a sus acompañantes: una base rítmica solida, precisa y contundente, y unos versátiles teclados al servicio del talento de esta espectacular guitarrista, capaz de sacudir y emocionar los cuerpos y las almas de cualquier audiencia sensible. Una vez más, quedamos rendidos a sus pies – cómo no hacerlo con ese arte sobre las tablas, y para colmo con esos preciosos zapatos de tachuelas que calzaba. Lo dicho: contundencia y pasión con mucha clase, y con mucha elegancia.

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