MIGUEL & FERNANDO PARDO – INVERFEST 2021

Sorprendente y grata reinvención como dúo

Cuentan los hermanos Pardo que pesa sobre ellos una curiosa maldición familiar según la cual se quedarían totalmente calvos si durante un año entero no se suben a un escenario para tocar en público. Ante la duda de que tal maleficio pudiera ser cierto (cosas más raras se han visto, y en estos tiempos que corren la verdad es que nada que pueda pasar nos resulta ya imposible de creer, por extraño que parezca), han decidido que no merecía la pena quedarse más tiempo en casa arriesgando sus cabelleras y se han puesto en marcha para sorprendernos reinventándose.

Así las cosas, y ante la dificultad de reunir a Sex Museum al completo sobre las tablas de Gruta’77 sin incumplir las normativas vigentes, Miguel y Fernando se han lanzado a la aventura de actuar como dúo, recuperando temas propios y haciendo versiones de sus favoritas de toda la vida, pasando por todas sus épocas y encarnaciones. Y todo ello sólo con voz y guitarra – y con la ayuda en algunas canciones de una pequeña caja de ritmos que se ha agenciado Fernando.

Arrancaban la temprana velada (antes de las 7 empezaron para acabar antes de las 9, hora máxima de cierre ahora mismo en Madrid) con un melancólico “Runaway” de Del Shannon, que en su día ya grabaran Corizonas, siguiendo por esa onda con otro clásico ya más sorprendente: “Three Steps to Heaven“, del gran Eddie Cochran. Pero no tardaron en ir pasando a territorios más ásperos, primero con “Hard Road” de Rod Stewart, y acto seguido con su revisión de los Sonics, esa especie de hibridación entre “Psycho” y “Have Love Will Travel“. No faltaron las anécdotas y los comentarios con ese sentido del humor marca de la casa para ponernos en situación antes de cada tema: historias de garitos, conciertos, amigos, familia… Toda una vida dedicada al rocanrol que les ha marcado a fuego, y a estas alturas no van a cambiar de discurso ni de rumbo.

Siguieron sonando bastantes temas poco habituales, como “Ya es tarde” o el mítico “Eighteen” de Alice Cooper, y también otras favoritas como “Stay with Me” de sus amigos The Dictators (recordando a The Thunderbolts, aquella efímera banda que formaron los Pardo con dos de los “Dictadores”), “No one told him” de Thin Lizzy (que grabaron para un disco de homenaje a Phil Lynott), o “Harmony in my Head” de los Buzzcocks. Un repertorio realmente lleno de sorpresas, rescatando rarezas y temas casi olvidados, incluso algunos que nunca habían hecho en vivo.

Aunque también hubo espacio para un buen puñado de los grandes clásicos de Sex Museum, con revisiones de “Two Sisters“, “Black Mummy“, “Enjoy the Forbidden“, “Street Fight” o “Falling Down“. Casi para el final dejaron el “I’m Free” de The Who, otro de esos temas que hace tiempo que se apropiaron para hacerlo totalmente suyo. Para acabar, con un par de temas de sus últimos discos (“Circles in the Salt” y “Horizons“) completaban el repaso a su trayectoria sonora y vital, adaptándose a un formato novedoso para ellos y para nosotros que resultó muy estimulante.

Lástima tener que estar coartados por las medidas de prevención y protección, que se cumplieron de forma estricta y escrupulosa. Y es que desde luego no es lo mismo ver un concierto así teniendo que estar sentado, con mascarilla todo el rato y sin poder moverse del sitio ni abrazarse ni nada. Pero de momento es lo que toca, y hay que agradecer el enorme esfuerzo que músicos y programadores siguen haciendo para que los conciertos en vivo no paren ni mueran, empeñados en sostener algo ya de por sí difícilmente sostenible, como es el circuito de salas pequeñas y medianas que programan a grupos que no llenan grandes recintos pero que realmente son quienes mantienen viva la llama de la pasión por la música. Si ellos son capaces de hacerlo, los demás debemos aplaudirles y apoyarles. Es lo mínimo.  

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