NU GENEA

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Crónica de un concierto susurrado al oído
Noches del Botánico, Madrid 12 julio 2026
Texto: Javier Muñoz
Fotos: Vega Halen (Noches del Botánico)

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Tocaban los Nu Genea en las Noches del Botánico y no nos lo podíamos perder. Fui al concierto con mi amigo Álvaro, uno de los nightshakers de moda en la noche madrileña, muy fan del italo y responsable absoluto del sello Soulmeex. Le pedí que me explicara con detalle el improbable concierto de unos rompepistas pertrechados con banda y voces, donde brilló con luz más que propia Maria José Llergo. Álvaro aceptó mi oferta.

Resulta difícil imaginar que los responsables de una de las propuestas más personales y celebradas del panorama actual fueran, a mediados de los 2000, dos de las jóvenes promesas del minimal techno. Lucio Aquilina despuntaba con lanzamientos en sellos de referencia como Cocoon, mientras Massimo Di Lena – más conocido como Massi DL – hacía lo propio en Soma. Y por supuesto, ambos lo hacían en el sello de culto de la época: Trapez. Sus producciones encontraron pronto el respaldo de nombres como Sven Väth, Richie Hawtin o Marco Carola, lo que hacía pensar que estaban destinados a ocupar un lugar destacado en la élite de la electrónica de club europea. El desaparecido Reina Bruja en la calle Jacometrezo de Madrid fue testigo en alguna que otra ocasión de ello allá por el año 2008.

Pero eligieron otro camino.

Cuando el minimal alcanzó su mayor éxito comercial a finales de la primera década del milenio (o quizá principios de la segunda), Aquilina y Di Lena sintieron que aquel lenguaje empezaba a agotarse. En lugar de seguir la corriente, decidieron volver la vista hacia su ciudad natal. Comenzaron a rastrear mercadillos, tiendas de discos y colecciones privadas en busca del sonido de la Nápoles de los años setenta y ochenta: funk, jazz, disco italiana, afrobeat y soul. Aquella búsqueda terminó cambiando por completo su manera de entender la música.

Así nació Nu Guinea, un proyecto que pretendía unir la precisión de la electrónica con la espontaneidad de una banda tocando en directo. El primer EP en Early Sounds ya apuntaba hacia esa dirección, pero fue The Tony Allen Experiments el trabajo que marcó un antes y un después. Colaborar con el legendario batería nigeriano fallecido en 2020 les enseñó que el ritmo podía respirar, acelerarse, frenarse y dialogar con el resto de los instrumentos de una forma imposible de programar.

La evolución continuó con Nuova Napoli, un disco convertido casi de inmediato en una obra de culto. Grabado mayoritariamente mientras ambos vivían en Berlín, era una declaración de amor a la ciudad que habían dejado atrás. Después llegarían las recopilaciones Napoli Segreta, dedicadas a rescatar joyas olvidadas del patrimonio musical napolitano, el cambio de nombre a Nu Genea, simbolizando un «nuevo nacimiento», y Bar Mediterraneo, que abrió definitivamente su universo a todo el planeta. El álbum generó, ya desde la preventa, una especie de psicosis entre los coleccionistas del vinilo dispuestos a pagar grandes sumas de dinero por hacerse con una copia. Este año, People of the Moon ha ampliado todavía más ese horizonte con un sonido quizá más reposado y una producción aún más refinada, donde para sorpresa de muchos, la española María José Llergo, juega un papel fundamental con dos colaboraciones excelentes: Acelera y Celavi.

Todo ese viaje cobró sentido sobre el escenario de Las Noches del Botánico la pasada noche del 12 de julio, tras ser teloneados por Gilsons.

Desde los primeros compases quedó claro que Nu Genea ya no es simplemente un dúo de productores acompañado por músicos. Es una banda en toda la extensión de la palabra con hasta tres vocalistas en el escenario en algunos compases de la noche. La sección rítmica sostuvo un groove constante durante los 90 minutos, mientras bajos, teclados, saxo y percusiones construían un sonido cálido y profundamente orgánico. Aquilina y Di Lena apenas buscaron protagonismo. Dirigían el conjunto desde un segundo plano en sendos laterales del escenario, dejando que la música respirara por sí misma

El repertorio recorrió buena parte de su discografía, alternando composiciones de Nuova Napoli y Bar Mediterraneo con People of the Moon en su totalidad (si la memoria no nos falla) y acompañados de Llergo en momentos clave de la noche. Pero lo verdaderamente interesante no fue qué canciones sonaron, sino cómo sonaron. Ninguna permaneció idéntica a su versión de estudio. Los desarrollos instrumentales se alargaban, las percusiones encontraban nuevos caminos y el saxo aparecía para romper la estructura cuando parecía que todo estaba ya escrito. Más que interpretar un repertorio, la banda parecía conversar sobre él.

También sorprendió la naturalidad con la que conviven todas sus influencias. En apenas unos minutos podían aparecer ecos del afrobeat, armonías propias del jazz mediterráneo, bajos heredados de la disco italiana, melodías inequívocamente napolitanas y percusión, mucha percusión. Todo ello sin que el conjunto perdiera cohesión. La capacidad que tienen para integrar referencias tan diversas sin caer en el pastiche es, probablemente, el mayor logro artístico de Nu Genea.

En tiempos de grandes producciones audiovisuales, su propuesta resulta casi contracultural. Sin pantallas monumentales ni efectos innecesarios, todo descansa sobre los músicos y sobre un repertorio que ha ganado profundidad con los años. Lo que comenzó hace dos décadas como la carrera de dos jóvenes productores de techno ha terminado convirtiéndose en una de las bandas más elegantes, libres y personales del panorama europeo.

Su segunda aparición en el idílico enclave del Botánico (la primera fue en 2023) es prueba definitiva de que Aquilina y Di Lena no abandonaron la electrónica para cambiar de estilo. En realidad, siguieron inmersos en ella para encontrar una voz propia. Y pocas veces esa voz ha sonado tan convincente.

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