TOMORA
Un baile en los bosques polares a altas temperaturas
Noches del Botánico, Madrid 8 julio 2026
Texto: Javier Muñoz
La secuencia introductoria tipo recordatorio o alerta aún no había terminado cuando sonó «RING THE ALARM» en el Real Jardín Botánico Alfonso XIII. Como si de una sirena industrial se tratara, el sonido anunciaba que aquello no iba a ser otro recital etéreo de Aurora, sino algo mucho más macarra y noventero, al estilo de los Chemical Brothers. El público todavía buscaba su sitio entre cervezas y abanicos, entendiendo la paradoja en cuestión de segundos: estábamos aquí para ver cómo una de las voces más delicadas del pop contemporáneo se dejaba poseer por el cerebro químico de Tom Rowlands. Frío y calor al mismo tiempo.
Durante años hemos asociado a Aurora con bosques, espíritus, naturaleza, vestidos blancos y canciones que parecían escritas para dialogar con las montañas. En TOMORA sigue habiendo todo eso, pero alguien ha conectado los árboles a una central eléctrica. El resultado no es un proyecto paralelo ni un simple capricho electrónico: es una mutación con aires de evolución natural.


Aurora baila como si una fuerza invisible moviera cada articulación de su cuerpo. Sigue cantando con esa mezcla imposible entre chamana nórdica y niña extraterrestre. Pero ahora lo hace encima de una maquinaria rítmica construida para bailar.
No hay nostalgia por The Chemical Brothers, más bien hay evolución. Porque Rowlands entiende perfectamente cuándo debe aparecer y cuándo no estar. No necesita convertirse en protagonista: construye un muro de sintetizadores, bajos y percusiones que permite que Aurora haga lo que mejor sabe hacer, convertir cualquier escenario en un pequeño ritual pagano junto a Amalie Holt Klieve, que en ocasiones parece su hermana gemela.
Después del arranque demoledor llegaron «MY BABY» y «Starvation», esta última ya conocida por quienes siguen la carrera en solitario de la noruega, pero aquí completamente reformulada. Más musculosa. Más oscura. Más cercana al techno emocional que al indie pop.



El concierto avanzaba sin pausas. Toda una declaración de intenciones. No había espacio para discursos interminables ni para romper el hechizo y la música es la que manda en cualquier discoteca.
Uno de los momentos más especiales llegó con «The Universe Sent Me», aquella colaboración nacida junto a The Chemical Brothers que ahora encuentra en TOMORA una segunda vida mucho más lógica
«HAVE YOU SEEN ME DANCE ALONE», presentada como estreno absoluto en directo, confirmó que TOMORA todavía tiene margen para crecer. Suena menos explosiva que otros cortes del repertorio, pero juega con una tensión casi hipnótica que terminó atrapando al Botánico entero. Después llegaron «THE THING», «SOMEWHERE ELSE» y una devastadora «Eve of Destruction», probablemente uno de los picos emocionales de la noche. Resulta curioso escuchar una canción nacida bajo el paraguas de The Chemical Brothers convertida ahora en algo mucho más orgánico.



«I DRINK THE LIGHT» y «COME CLOSER» nos recordaron que en las raves hay algo elegantemente macarra. «WHAT DO WE GOT” sonó mucho más melódica, menos agresiva… pero igual de sugerente. La recta final recuperó «My Body Is Not Mine», una vieja tonada de Aurora que adquiere aquí una dimensión distinta.
Y cuando parecía que el viaje había terminado, llegó el único bis: «IN A MINUTE». Nada de fuegos artificiales gratuitos. Nada de alargar el concierto por obligación. Una última descarga precisa, intensa y suficiente para dejar al público con esa agradable sensación de que siempre falta un tema más cuando la noche ha sido redonda. Faltaba el after, pero era miércoles.
Las Noches del Botánico llevan años demostrando que también hay espacio para la electrónica entre guitarras, jazz y cantautores, pero pocas veces ese espacio se había llenado con tanta personalidad. Esperemos que siga siendo así hasta que llegue el amanecer.