THE BLACK KEYS

Triunfo atronador en Madrid

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13/09/2026

Movistar Arena, Madrid

Texto: Álex García

 

Dicen que el rock de garaje murió cuando los garajes se convirtieron en trasteros para guardar patinetes eléctricos. Afortunadamente, a Dan Auerbach y Patrick Carney nadie les pasó el memorándum. Lo que hemos vivido la pasada noche del 13 de septiembre en Madrid con la parada del Peaches N’ Kream Tour no ha sido un ejercicio de nostalgia acomodada, sino un bofetón de realidad a mano abierta. The Black Keys han venido a recordarnos que, cuando apagas las pantallas kilométricas y te dejas de tonterías, lo único que importa es un amplificador a punto de reventar y una batería aporreada sin piedad.

 

 

Madrid los esperaba con sed de guitarras, y el ambiente en el recinto tenía esa electricidad estática y pegajosa de las citas que van a doler al día siguiente. Sin fanfarrias ni intros épicas de esas que aburren a las ovejas, los de Akron (Ohio) tomaron las tablas con la sutileza de un mercancías sin frenos. Desde el primer latigazo de fuzz, quedó claro que Auerbach sigue dominando ese tono rasposo y saturado que parece arañarte las costillas; un sonido sucio, grasiento y con un pie siempre metido en el barro del Delta. A su derecha, Carney, con sus sempiternas gafas y esa forma de aporrear los tambores que visualmente parece caótica pero que rítmicamente es un metrónomo salvaje, sostenía el armazón del show. Y para colmo Auerbach saltó al escenario enfundado en la elástica española, lo que enfervorizó más a las masas.

El setlist funcionó como una locomotora. Tras un arranque abrasivo, soltaron muy pronto a los perros de presa con «Gold on the Ceiling» y «Howlin’ for You«. La pista, como era de esperar, se transformó en una masa uniforme de cuellos rompiéndose a contratiempo y alguna que otra cerveza volando por los aires. Resulta brillante ver cómo han sabido integrar a su banda de acompañamiento para esta gira sin diluir su identidad de dúo callejero. Hay más texturas, bajos profundos y teclas que engordan el sonido, sí, pero el esqueleto de los temas sigue siendo puro tuétano blues-rock.

 

 

El nudo del concierto nos regaló la faceta más devota de la banda. Bajar las revoluciones les sirvió para sacar a pasear su herencia del blues más crudo, algo que venían avisando en sus recientes paradas por Milán o Ámsterdam. Fue el tramo de los sibaritas, el momento de cerrar los ojos y dejar que Auerbach despachara punteos ardientes, tocando como si Robert Johnson le debiera dinero.

Para la recta final, no hubo prisioneros. Tremenda versión del “I Wanna Be Your Dog” de Iggy Pop, para terminar con «Lonely Boy» que ejerció de detonador absoluto, dinamitando los cimientos del local. Ver a miles de almas poseídas por ese riff hiperactivo, bailando con esa deliciosa desvergüenza que te da el buen rock and roll, es todo lo que uno necesita para cargar las pilas. Nos despidieron sudados, exhaustos y con un pitido en los oídos que, mañana por la mañana, nos recordará que el rock sin aditivos sigue teniendo a dos de sus mejores guardianes al pie del cañón.

Puedes consultar aquí el set list.